Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

Cualquier problemática, de las muchas que existen en nuestro entorno y más allá de él, tendría solución si no existiesen interferencias entre el sujeto que emite y el receptor; ese es el intríngulis de una auténtica comunicación, sea ésta escrita u oral.

 

         Claro es que no siempre la noticia que se emite, bien por su complejidad o por su veracidad, penetra la inocente espera del receptor, y éste omite convertirse en cómplice, por omisión, e intenta salir a la palestra a dar su versión sobre aquello que se insinúa al pueblo como categóricamente verdadero.

 

         Algo así está comenzando a ocurrir  con todo el affaire de la Capitalidad Cultural de Europa: “Málaga 2016”, o como quiera que se defina, primer problema que tendrá que dejar claro la Fundación que preside Juan López Cohard.

 

         Cada vez más encerrado en mi concha de galápago, acudo con asombro a la lectura de un determinado reportaje sobre la bella utopía de conseguir esa vitola para esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, y me quedo ensimismado en la palabrería, no la palabra, de algunos gestores culturales que opinan sobre el sexo de la cultura, debate que hubiese sido el mismo si se tratase de disertar sobre el de los ángeles.

 

         Se supone que un gestor cultural, pongamos por ejemplo a don Alfredo Taján, Director del Instituto Municipal del Libro, es, por propia definición, el encargado de gestionar el hecho cultural del libro en el municipio, o sea, desarrollar o administrar una idea, pero no el de gestar o crear la idea en sí (en este caso, la persona que ostenta el cargo tiene su particular faceta de creador).

 

         Las Asociaciones (Ateneo, Zegrí, Academia San Telmo, Cofradías o Peñas), que cita López Cohard en un artículo, o los entes oficiales como las Áreas de Cultura de Junta, Diputación y Ayuntamiento, son órganos receptores del hecho cultural, y si ni siquiera llegan a alcanzar ese nominativo, se convierten en “cementerios de elefantes”, que haylos.

 

         Lo esencial es emitir creatividad -algo personal- y que algunos de estos organismos, desde luego que no todos, la acojan en su seno y sean capaces de comunicarla al pueblo para que éste la digiera, me refiero a la creatividad, la haga suya y la convierta en una auténtica revolución capaz de dejar constancia de ello en Bruselas.

 

         Lo infernal es que algunos de estos colectivos, especialmente los oficiales, filtran y sesgan la mayoría de los proyectos creativos de la ciudadanía, o bien, algunos cortocircuitos de elite impiden el paso de cualquier idea que no provenga de ellos.

 

         Al final, me refiero a la posibilidad de hacer realidad el proyecto “Málaga 2016”, podría ocurrir que todo quedara reducido a un posible mercadeo de voluntades en el mismísimo centro de Europa.

 

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