Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

 

Se desliza el vago aliento que en la distancia se teje..., el junco despavorido respira su beso verde. La duna manda callar  a todo lo que se mueve. Una ola se desmorona y de nuevo se sumerge. La luna se pone llena cuando era cuarto creciente. El grillo asola la playa hundiendo su negro vientre. El horizonte se funde en el espacio celeste. La concha de la marisma  hunde su templo de siempre.  La noche que viene tarde los destellos ensombrece. Un sol que ya no deslumbra entre pinos rojos duerme...y un beso como perdido a mi lado se detiene.

 

         La guitarra y las manos de Paco de Lucía han hecho el milagro. La divinidad se ha puesto cercana. Júpiter en el cenit de la noche de agosto siente envidia de nosotros. Vivimos entre dos aguas”: la que besa complacida la ribera de la lengua de La Antilla y la que brota de los dedos encallecidos del nacido en Isla Verde.

 

         Se vive un instante de eternidad que puede saborearse en plenitud. El embrujo de la noche se ha introducido en la guitarra de Paco de Lucía, y salpiques de sagradas notas penetran la marisma que, entre sus caños y esteros, deposita por las inmediaciones del Río Piedra.

 

         Faenan los barcos blanquiazules, la manifestación sagrada del amor se realiza en la cima de la roja duna, las bailas saltan de gozo como delfines que juegan y una blanca gaviota posa su vuelo en la barca varada por la bajamar.

 

         Donde el viento silba nácar y silente el mar fenece, con divinidad cabalgan música de verdes juncos con espuma que descansa. Lazos de olas, en sus besos sacramento de las aguas, y notas de amor y de aire en la orilla donde cantan las crujientes caracolas vida dan al pentagrama, y la duna conmovida hasta su arena desplaza.

 

Un nuevo canto se esparce  por toda la arena blanca, susurros como de Dios que provienen de la playa: somos libre como el silbo, somos siempre madrugada.

 

Paco de Lucía tan sólo dijo “buenas noches” y presentó a sus apóstoles, el resto fue cosa de dioses.