Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSE GARCÍA PÉREZ

Hoy se defiende en Madrid el proyecto que algunas instituciones y personas han concebido para que Málaga se convierta en 2016 en la capital cultural de Europa. Suerte y que se corten orejas y rabo.

 

Hace algún tiempo escribí un sucinto copo sobre el lema o idea que la “Fundación Málaga 2016” había creado para el desarrollo y presentación del proyecto, y que es “Málaga, ciudad infinita”, por cierto el mismo que ostenta Cantabria, cuya capital, Santander, es la ciudad, según mi corto entender, con más posibilidades de llevarse el gato al agua. Ojala me equivoque.

 

Terminaba el citado artículo con la siguiente reflexión: “Sin embargo, si “infinito/a es todo aquello que no tiene ni puede tener fin o término”, pensemos que tan sólo en la eterna ebullición de este pequeño universo, Málaga, que se hace y deshace, pero es sensible a cualquier desgarro de ideas, puede encontrar su carta de ciudadanía cultural y navegar, a pesar de su falta de timoneles, hasta Bruselas”

 

Tras pasar casi un trimestre fuera de Málaga, me encuentro con la mala noticia de que uno de esos escasos timoneles, Javier Ferrer, Gerente de la “Fundación Málaga 2016”, ha presentado su dimisión, dándose la muy puñetera casualidad que el señor Ferrer fue el único ciudadano de Málaga que salió al quite del citado copo y publicó un comentario sobre el mismo; más tarde nos vimos, a requerimiento de él, y compartimos algunas ideas sobre el proyecto en sí. Cuento lo anterior para que conste de su preocupación real por dejar claro todo lo que pudiera enturbiar la idea matriz del proyecto; del resto nunca supe nada.

 

La Fundación tiene media hora para defender que Málaga es merecedora de pasar, digámoslo en términos futbolísticos, a la gran final. Según leo, además del señor alcalde, serán diez los intervinientes, o sea, a tres minutos por barba. Lo que no da para florituras, sino que hay que ir directamente al grano.

 

Y grano, lo que se dice grano, es el que ha brotado con la dimisión de Javier Ferrer, aunque se le quiera restar importancia.

 

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