Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
José García Pérez

Esta noche, que es la más buena, el personal cristiano se reúne para cenar algo mejor que cualquier otra noche y, unos de forma consciente y otros de manera inconsciente, celebran el inicio histórico de una nueva era, la cristiana, con el kilómetro “0” del niñodiós.

 

         Con el estribillo del “beben y beben y vuelven  a beber”, tomo un pandero comprado esta misma mañana, mi compañera Rosi una zambomba y con nuestra hija Rosamari, este alumbramiento lo pasará con nosotros, que hace milagros musicales con una cuchara y una botella de Anís del Mono, nos marcamos el mismo villacinco que heredado de mi madre, la señora Antonia para más señas, es santo y seña de esta nuestra noche. Dice así: “Por los caminos del cielo/ se pasea una doncella;/ se llamaba Encarnación/ porque Dios se encarnó en ella.”

 

         Y poco más que se salga de lo corriente. Sí es cierto que un torrente de recuerdos recorre la mesa y avituallamientos: los padres, abuelos, hermanos, ay mi hermano, la pastoral que hacíamos por el Barrio Obrero de Melilla.

 

         Cumplimos, pues, con el rito navideño, no por cumplimiento y con extravagancias religiosas, sino porque nos sale de las ocultas raíces que entrelazan años, cordones umbilicales, arrugas, el ayer y el hoy, y el esperanzado mañana.

 

         Y brindamos, chin-chin, por vernos guapos y guapas a pesar de los surcos que mide el tiempo vivido. Y por segunda vez, volvemos a golpear los vidrios entre sí. Y somos y seremos felices en torno al tronco que nos une, y aunque la raíz parece no verse está con nosotros. Y seguro que con vosotros.

 

         Pues eso, brindemos todos, chi-chin, por el amor.