Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

Psiquiátrico

José García Pérez

No sé ustedes, pero un servidor está hasta la coronilla de guerras. La primera y más peligrosa es la que mantengo conmigo mismo: lo que sé que soy y lo que tengo que aparentar ser. Unas ganas enormes de mandar a medio mundo donde ustedes saben y, sin embargo, tengo que actuar diariamente como un gran actor que finge y simula.

 

         Y tras eso, que tiene mandanga, tener todos los días que desayunar, comer y cenar. Lavarse o ducharse a diario, orinar, defecar, dormir, despertarse, ascensor arriba, ascensor abajo, bajar la basura, los papeles, recibos, Hacienda y Zapatero.

 

         La luz, la luz que sube. El gas, el gas que también sube. La limosna, la limosna que la congelan. Saludar todos los días a los mismos tres o cuatro veces diarias. Buenos días. Buenas tardes. Buenas noches. La leche, esto de vivir es la leche. Buscar el papeo desde hace sesenta años, más los catorce que me alimentaba mi padre y los dos que mamé en los pezones de la señora Antonia.

 

         Y los ineptos y enchufados que andan pululando por todas partes. Y uno los conoce, pero que muy requetebién, y tiene que hacer mutis por el foro. Y la existencia que se va deteriorando. Y uno es consciente. Y de pronto, aunque se esperaba, viene la mamá Pajín y nos dice que es más sano tomar un café y fumarse un cigarro con un frío que pela, que fumárselo en el cariñoso calorcete de una cafetería y yo, anciano ya, no estoy para esa nueva guerra.

 

         Lo mejor, pues, hacerse el loco y que lo lleven a uno al Manicomio, hoy Psiquiátrico. Te lavan, te dan de comer, te sedan para dormir, puedes fumar y cagarte en la madre que parió en quien te dé la gana. Eso, loco.