Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ CENIZO JIMÉNEZ

José Cenizo Jiménez

Chicago musical

Imagen del musical

                

                 Hemos podido ver la obra anunciada a bombo y platillo como el “musical que sedujo Madrid”. Sale de gira y llega a Sevilla, siempre una plaza difícil.

                 El triunfo estaba cantado: el teatro lleno cada día y el  público satisfecho. No en vano, el espectáculo tiene la calidad que se le supone. Por eso recorrerán durante un año más de 35 ciudades españolas. No está nada mal en tiempos de crisis. Ojalá hubiera muchos espectáculos con esta perspectiva.

                 Otro anuncio de la obra indica: “Elegancia, estilo y música en directo”. Bien, así es, a pesar de los tacos que a menudo se oyen, tipo “coño”, por darle realismo y bajos fondo al asunto. Pero entremos en lo más importante de la obra: esa acertada mezcla de música, baile y texto (palabra) para ofrecer una visión crítica del Chicago de los años veinte, entre humos de cabaret, historias de crímenes, corrupción en la justicia y en el artisteo, el papel infame de los medios de comunicación, bajos fondos, golpes bajos, envidia y ambición. Un fresco social aderezado con la música, el baile y a menudo el humor, pero no por ello menos descarnado y efectivo. Junto a esa mordaz sátira, el antídoto, la evasión, la banalidad y fiesta del cabaret, la música subyugante, la ilusión de conseguir algo, aunque sea a toda costa.

                 Encontramos momentos de altísimo nivel artístico y de fondo de denuncia a partir del humor ácido, como en el convincente número de las seis asesinas de sus maridos, sencillamente encantador, muy logrado. Asimismo, a gran altura está la representación del juicio, otra oportunidad para la mordacidad, muy bien llevada por el abogado, la acusada, y el actor que hace de varios personajes del jurado a la vez, Jacques Vidal,  con solvencia. O el “juego de marionetas” del abogado y la cliente, tan logrado.

                 Los secundarios están a excelente nivel: el marido apocado y rarito, un verdadero pringao, hombre invisible -Fedor de Pablos-; la inteligente e interesada representante de los artistas -Linda Mirabal-, J. Giró haciendo de mujer con esa ridícula voz aflautada que provoca la risa; etc.  Y los actores y actrices principales, sobre todo éstas últimas, Vanessa Bravo, María Blanco, Silvia Álvarez –estupenda en sus movimientos y en su carga cómica-, etc. 

                 Un musical o teatro musical, en fin, bien presentado ante el público, con la luz apropiada, un vestuario atractivo, un puesta en escena ágil, una música en directo en el maravilloso ámbito del jazz muy bien dirigida e interpretada. Todo está trabajado al detalle, se nota que lo han representado ya numerosas veces, sin perder por ello la frescura.