Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

José García Pérez

Casa de Colón (Huelva)

Ya saben, jueves noche de poesía con Félix Grande en tierras de Juan Ramón Jiménez, el gran poeta que dijera aquello de “la poesía es para la inmensa minoría”.

 

            Pues eso, una inmensa minoría se acercó a La Casa de Colón para escuchar unos rizos de versos, y entre endecasílabos y heptasílabos, la gran noticia: “Paca Aguirre, mujer de Félix, había recibido el galardón del “Premio Nacional de Poesía”.

 

            No lo saben, viernes de mañana, mientras espero el tren que me acercara desde esa esquinita de España a Sevilla para seguir hasta esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, Mariano Rajoy daba un mitin en el mismo lugar, o sea, en La Casa de Colón. 

 

            Tras comprar, por si las moscas, el consabido décimo de lotería de El Gordo de Navidad, me dije que tenía tiempo para observar qué ocurría por las inmediaciones donde se celebró el acto poético.

 

            Aquello, al contrario que en poesía, era una inmensa mayoría con sus banderitas azules, señoras de bolsos y buenos zapatos, jóvenes inmaculados y hombres de diversas cataduras que descendían de autobuses fletados para arropar al líder.

 

            Estaba a tope. No pude, pues, entrar, pero en las puertas de acceso habían montado cuatro cinco tenderetes con cuatro o cinco adict@s del PP que vendían “En confianza”, libro escrito, dicen, por Rajoy.

 

            Con manifiesta ironía, me acerqué a la más bella y le dije: “Le cambio ‘Donde el viento silba nácar’ por el del jefe”.  Ella quedó algo sorprendida y dio alguna que otra excusa. Bueno, comenté, “se lo regalo” y, la muy ladilla, me dijo que ella no leía poesía.

 

            Bueno, contesté, le leo yo y, entre banderolas azules y voraces gaviotas, le susurré dos estrofas de “Elegía de un romántico”. Dicen así:

 

….

“Dejadme que me crea yo un romántico,

preguntad a los árboles mi nombre,

os dirán con sus ramas este cántico:

sencilla y llanamente es sólo un hombre.

Un hombre que defiende su locura

de un mundo que amamanta la cordura.

 

¿Acaso es que ya los hombres dejaron

de ser? ¿Acaso puede sin la llama

latir el corazón? ¿O es que apagaron

para siempre la voz que siempre clama?

Que nadie mi silencio solicite

Destruyendo la furia de este envite”

 

            Y salí huyendo corre que te corre.