Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
FRANCISCO BASALLOTE

Francisco Basallote

Víctor Jiménez

La Isla de Siltolá

Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) es autor de numerosos títulos poéticos  recopilados en  El tiempo entre los labios [Antología, 1984-2008] (Editorial Renacimiento .Sevilla, 2009), asimismo es un poeta con numerosos premios, como el Florentino Pérez-Embid de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras, , el Villa de Benasque o el Premio Rosalía de Castro .

En El tiempo entre los labios, nos ofreció una Antología de su obra publicada entre 1984 y 2008, que constituía un verdadero manifiesto de su poética en la que son esenciales el yo íntimo incardinado en la  presencia  de la memoria y la cotidianidad.,     con un estilo de elegante y cuidado clasicismo formal y temático con el recurso frecuente de las estrofas clásicas  y el uso del verso libre.

 Licenciado y dedicado a la docencia, nos ofrece ahora Al pie de la letra , un poemario que conservando los ejes fundamentales de su poética muestra unas  características distintas de su poesía anterior, especialmente por el contenido del mismo que no es ni más ni menos que la visión de un profesor  de un Instituto de hoy día. Si la cotidianidad es una de las coordenadas de la poética de Víctor Jiménez, en este poemario que se desarrolla en un  curso y tiene toda la forma de un diario, se  cumple meridianamente y en ella se acentúa la característica reflexión irónica del poeta  en un escepticismo rayano en el hastío personal, preso de alumnos, padres y sobre todo del sistema  para el que la Enseñanza no es sino un capítulo más de una política economicista y materialista sin visos de humanismo ni de humanidad.

 

Si los componentes del  proceso educativo son : alumnos, profesores y el sistema, estos son los protagonistas de este poemario, que el autor divide en tres partes, solamente numeradas y que coinciden con los trimestres del curso escolar, en los que son hitos  algunas fiestas y, especialmente en Sevilla, la Semana Santa y Feria. A los primeros los retrata como apáticos, desilusionados, tan solo interesados en la diversión.  “Como un ejército vencido,/ de vuelta ya en el campamento,/ perdida la moral…” dirá de ellos que “ …Tirados en mitad de los pasillos,/ Igual que sus mochilas, por el suelo./ Vencidos de antemano. Cuando aún no ha empezado la batalla.” y que nada más terminar la Semana Santa ya están divirtiéndose en la Feria: “ Acaban de volver y, sin marcharse,/ y van camino de la Feria./ Dejaron de sonar cornetas y tambores/ y están tocando palmas….” . También es motivo de su especial conocimiento del alumnado la diferencia entre los que fueron buenos alumnos y los “normales”: “Los buenos estudiantes tienen mala memoria./ A menudo, te cruzas con ellos por la calle/ y siguen, sin mirarte, en sus asuntos./ Son ahora señores importantes/… / En cambio, con frecuencia, cualquier tarde,/ se te queda mirando y te sonríe/ de pronto el camarero que te sirve una copa/…/ Y se da a conocer con gratitud y te estrecha la mano con afecto/…”. Un perfecto catalizador de los intereses de esta sociedad.  A los compañeros, los profesores, los trata con cariño, aunque en algunos casos deje patente su característica ironía.  “Por sus finos modales, su elegancia y su edad/ -hace ya no sé cuánto que cumplió los cincuenta/ y se vienen notando los años en su piel-,/ con ellos no conecta, no está en la misma onda./ Y hacen oídos sordos, como si no estuviera,/a sus explicaciones, reprimendas, consejos/...” . También se hace partícipe de la vida y problemas de los profesores: “Anda revuelto el claustro. Esta mañana/ ha salido el concurso de traslados./…” , con las ausencias para siempre: “ …Un viernes, de repente, acabó el curso./ Se fue sin despedirse. No volvió./ Sólo queda su nombre en una placa/ y su recuerdo vivo en unos cuantos.”, o ,simplemente, la despedida: “…Hombre cabal, de pocas pero claras/ palabras…/ Mañana se jubila. Y quiere irse/ como llegó, a sólas y en silencio…”  .  El tercer elemento de este trinomio, el sistema, es tratado con exquisita acidez, con su característica fina ironía. : “…He puesto un parte, leve, de conducta/ a tres alumnos que no hacían nada/ más que gritar, reírse, levantarse/ de su sitio y lanar aviones de papel./ Por suerte, su tutor,/ debidamente actualizado,/ me hizo ver al instante/ que estaba en un error/ …/que no debemos/ sancionar por tan poco,/ …y no pueden estar como estuvimos/ nosotros en la escuela, sentados y en silencio,/…”  y no se priva , honradamente, de llamar la atención: “Viendo cómo está el patio últimamente,/ con tanta indisciplina y absentismo,/ con tantas cosas como ya sabemos/ de vez en cuando, mal no viene/ un toque de atención a quienes corresponda./…”.

 

En este pasaje alienante, en el que conviven diariamente miles de profesionales cargados cada vez más de escepticismo y hastío, el poeta  -como muchos otros de sus compañeros lo harán con otras cosas- , confiesa cómo se libera de tanta opresión: “…A diario/ soy sólo un profesor de andar por clase./ Me dan pulso otras cosas y otros temas/ que no se compran con un buen salario ,/ que no se pagan con el sueldo base./ Mis amigos, mi amor y mis poemas.”. A  tan honrado manifiesto no hemos sino manifestar nuestra solidaridad y sobre todo nuestra admiración porque en estos versos no se ha dejado llevar por tan dura experiencia y nos ha dejado junto al testimonio la calidad poética a la que nos tiene acostumbrado.