Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Mª VICTORIA REYZÁBAL
Comentarios acerca de "Vanity Fair: Cuestionario Proust", de varios autores. Madrid. Editoríal Nórdica Libros

Mª Victoria Reyzábal

Marcel Proust

Nórdica Libros

Marcel Proust inauguró en el siglo XIX, al parecer a instancias de Antoinette Fauré, hija del entonces presidente francés, la experiencia de contestar a una serie de cuestiones sobre temáticas variopintas, más o menos profundas, que ahora se ha rebautizado, tal vez equívocamente, como “cuestionario Proust”. Tras él, que respondió a esta serie de preguntas en dos momentos de su vida (a los 14 y a los 20 años), otros muchos personajes de la sociedad culta pasaron por esta “confesión”, ya que tal costumbre llegó a generalizarse como divertimento ritualizado en los salones de Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

Bastantes años después, en 1993, la sofisticada revista americana Vanity Fair, que se autodefine como catalizadora de la cultura a nivel global, fijó su interés en este entretenimiento decimonónico. Tras ocupar su dirección Graydon Carter, la publicación mensual incorporó a su prestigiosa oferta de reportajes socioculturales y políticos y al magnífico material gráfico que la caracteriza (entre cuyos firmantes destacan nombres como Annie Leibowirz o Mario Testino), esta lúdica propuesta clásica revitalizada. Tal iniciativa, tras varios años de recorrido, le permite disponer de un nada desdeñable archivo de breves y contundentes (que no es sinónimo de profundos) autorretratos de variopintos individuos que destacan socialmente en campos como la literatura, el cine, la música, el periodismo, la economía...

Gracias a este archivo, por estas páginas se cuelan personajes como Robert Altman, Julie Andrews, Giorgio Armani, Lauren Bacall, Brigitte Bardot, Harry Belafonte, Michael Caine, Deepak Chopra, Eric Clapton, Doris Day, Liv Ullmann y así hasta más de cien famosos, quienes completaron este cuestionario que sigue manteniendo su validez y éxito desde hace más de un siglo, porque aparentemente revela algunos rasgos significativos de la personalidad del “respondedor”, aunque, a diferencia del original, recogido al dictado en una agenda, ha pasado a plantearse progresivamente por teléfono, fax y correo electrónico.

Este libro, que es una verdadera joya editorial, se centra en ofrecernos esa serie de encuestas con las mismas preguntas a personalidades distintas. La frescura y el ingenio con que algunos personajes famosos responden sin disimulo o con gran cinismo a la lista de interrogantes revelan, obviamente, la personalidad de cada uno, su humor o su capacidad para dar la imagen deseada e, incluso, de mostrar sin complejos su narcisismo, al estilo de Yoko Ono cuando reconoce que su héroe en la vida real es ella misma.

En algunas cuestiones se muestran claras mayorías como en el caso de la admiración por Mandela, por Jesús, la valoración un tanto rancia de la virginidad, el deseo del paraíso o el miedo a la muerte. En este campo, merece destacarse la imaginación de algunas de las personas entrevistadas al describir el citado paraíso, su ironía con respecto a sí mismos o su tópico amor a los hijos y la pareja, incluso entre actores y directores cinematográficos tan proclives a varios divorcios e hijos postergados en aras de nuevas parejas.

Las respuestas de los elegidos se enfrentan a un retrato-caricatura, ilustración a cargo de Robert Risko que muestra en ellas su elegancia y esmero a la hora de captar los rasgos de cada cual, en muchos casos con gran acierto. Si bien para el lector medio español, muchas de las “celebridades” aquí recogidas no siempre cuentan con el reconocimiento o simple conocimiento del público, la única hispana que aparece es Carolina Herrera y del resto, salvo el sector hollywoodiense, pocos cuentan en la cultura popular española, aunque acaso alguno en su momento haya sido estrella de revistas del corazón. No obstante, deleitarse con la frivolidad u hondura de ciertas apreciaciones, comparar egos y tener entre las manos una obra de edición tan cuidada vale la pena, especialmente pensando en volver a poner en marcha el pasatiempo de finales del XIX.