Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
MANUEL GARRIDO PALACIOS

Manuel Garrido Palacios

Joaquín Benito de Lucas

Viajas por la poesía y “Te despiertas al borde mismo de la aurora, al borde del mar, de la ciudad, de los jardines que desprenden sus flores como las letras de un abecedario para escribir tu nombre cada mañana. Buenos días alba, agur amor, qué voces tiemblan si te saludo, si te beso, si me fumo un cigarro, si te pones sentada en mis rodillas y me miras mientras cruzan veloces trenes hacia París, mientras me miras, y el mar respira con su pecho enorme”.

El fragmento corresponde al libro de Joaquín Benito de Lucas, publicado en Calambur “La experiencia de la memoria” (Poesía 1957-2009), versos de los que dice Matías Berchino que “tienen raíces en la vivencia personal y colectiva de su existencia y la de su familia, su pueblo, su país”.

Para José García Pérez es una “verdadera obra artística; la poesía auténtica de Benito de Lucas coloca al hecho poético en su dimensión y espacio real: la universalidad. Los accidentes que provocaron el advenimiento de un poema son accesorios, el autor y las formas son importantes, pero la esencia del poema reside en sí mismo y en su simbiosis con el lector”.

“La experiencia de la memoria” es un libro que voy leyendo en el tren y del que tomo algunas notas de lo que dice y de lo que le dicen. Mientras tanto, aparece en el marco de la ventanilla el río Tajo. Paso a leer lo escrito por Pedro González: “El río de Benito de Lucas no es un elemento paisajístico, no es parte de ninguna escenografía lírica, el poeta no canta al río, es el río el que suena dentro de sus versos”.

José Hierro habla de: “Pureza: he aquí una palabra clave para navegar por la poesía de Benito de Lucas. Pureza es, tal vez, por uno de sus costados, precisión expresiva, desnudez que no nos impida ver el bosque de las palabras. Pureza es, también, iluminación, luz súbita, revelación. Pureza es esencialidad, inmaterialidad, que sirve para iluminar las palabras”.

Luis Jiménez Martos cree que “las raíces líricas de Benito de Lucas se hallan en un terreno poco transitado en las calendas actuales: entrañan un depuramiento de lo romántico, sometido a necesaria sobriedad. Su dramatismo de fondo queda en los límites de emociones vivas. Su conciencia del tiempo no cae en el peligro de la pseudofilosofía”.

Otras voces vienen a perfilarlo, como la de Manuel López: “En esta clase de poetas, claros y fáciles para el lector, subyace en el entramado del poema un férreo trabajo de construcción, una disciplinada labor de poda. Son cualidades detectables en Benito de Lucas, que estudia minuciosamente la composición de sus libros y de cada poema”. La de Abraham Madroñal: “Talavera no es una ciudad concreta, es la ciudad por antonomasia; su río, todos los ríos; sus calles, todas las calles por las que puede transitar cualquiera. Nuestro autor ha trascendido el valor local de sus alusiones para convertirlas en símbolos de cuantas ciudades y cuantos poetas añoran recuperar la infancia junto a los sitios que los vieron vivir”. La de Montero Padilla: “Creo que Benito de Lucas ha escrito una obra importante, de poesía verdadera y ya indeleble, que permanecerá como parte destacada de la mejor poesía española”. La de Rafael Morales: “No sólo está presente en la poesía de Benito de Lucas un río concreto, es decir, el Tajo a su paso por Talavera, sino el río abstracto, el río ideal, el río como imagen”. La de Francisco Morales Lomas: “Benito de Lucas ha realizado una obra solvente, de gran altura de miras, profundamente humana y atenta a la síntesis entre la tradición de los mejores valores literarios y a la modernidad de un discurso sustancial en el que está presente el ser humano como proyecto”. O la de Alberto Tores: “El sitio de su verso está donde la emoción misma que transmite con la mirada inocente. Recoge la trastienda de la historia a la vez que da fe de unos temores no tanto personales como de toda una generación”.

Llego al término de mi viaje tras leer lo que dicen del poeta y lo que él deja ver en sus versos. El espacio en el papel también se agota y sólo cabe una impresión tras cerrar el libro y pisar tierra. Benito de Lucas, Doctor en Filología Románica, catedrático de Literatura y titular de prestigiosos premios de poesía, sabe que, aunque son grados y honores merecidos que ha ido ganando en el camino, en esencia, es poeta, un gran poeta, que parece poco, virtud con la que nació en 1934 en Talavera de la Reina (cuyo Ayuntamiento es coeditor de la obra), como sexto de los siete hijos que dieron al mundo María y Manuel.

 


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