Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

Mª VICTORIA REYZÁBAL

He penetrado el baúl de mi amigo Juan el de Cartajima, su corazón, su envoltorio más guardado: la carpeta que titulaba “Libros para leer”. En cierta ocasión, me escribió: “Son tantos los libros que me llegan, que el tiempo que dedico a la labranza de mi alma, mientras aro el surco en la tierra, me hacen imposible su lectura. Sin embargo, una sencilla mirada a su interior, una corta lectura de sus páginas, me hacen guardarlo para una mayor profundización de su mensaje”

 

         Más de veinte libros esperaban para siempre la mirada serena de Juan. Me llamó la atención el titulado “Cosmos” de Mª Victoria Reyzábal, tanto por la fina rugosidad de su cubierta como por el azulado trazado de sus letras. Algo debía esconder este “Cosmos” para que fuese ofrecido como esperanza. Tenía que descubrir en él la huella de Juan, su saber en poesía, su distinción de lector único.

 

         Mis sucias manos, demasiado sucias, me impedían tomar el celeste “Cosmos” de Mª Victoria. Llegada la tardenoche, la hora en que la lechuza emprende el vuelo para ver lo que nadie ve, busqué entre las páginas del libro una tenue huella de haber pasado por Juan.

 

         En la 15, un fino rasgo de lápiz faber marcaba el paseo de sus ojos y del conocimiento de Juan por el libro. Se leía: “y el pensamiento/ era un remolino asesino/ una cascada que se destrozaba/ contra las rocas/ de la angustia/ deshojando obsesiones/ hasta que al fin/ se templó/ calló/ y empezó el sosiego

 

         Se está refiriendo la poeta, según mi escaso entender, al acto de la creación de su Universo, del nuestro, tan diferentes todos entre sí, como vida acumulada tenga el ser humano. “Cosmos” hay que leerlo de un tirón azulado, para ver el azul convertido en rojo, y el útero en dios creador de lo puro y del pecado más puro, el amor, lo que nos acerca a lo que estamos llamados a ser y, sin embargo, nos ladeamos de su destino

 

         “Cosmos” hay que acariciarlo en cada página, en cada verso. Si somos capaces de tragárnoslo, habremos introducido un Universo único en nuestro corazón, si somos capaces de digerirlo estaremos en situación de construir el nuestro.

 

         Todo es cuestión de apostar fuerte. Y voló la lechuza los cielos de Cartajima, porque allí fue el principio. Dicen.