Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

José García Pérez

Marina y Salomón

Los desencuentros en Cultura deben darse, y es saludable, en el ámbito del mundo cultural, a saber, las distintas guerras entre corrientes poéticas pueden ser un magnífico ejemplo de lo que deseo decir; pero lo ruinoso es que tan bochornoso espectáculo se dé dentro del mismo ámbito institucional de donde deben emerger los instrumentos para conseguir una cultura más justa, igualitaria y múltiple.

 

            Este afilar de navajas es el que se está produciendo en la Diputación de Málaga que comanda Elías Bendodo, reelegido hace unos día Presidente del PP malacitano y en la actualidad regidor máximo del ente supramunicipal, entre la Delegada del Área de Cultura Marina Bravo, que por ser concejal de Alhaurín de la Torre pasó a desempeñar el cargo en La Diputación y el rescatado e incombustible Salomón Castiel que fue asunto a la Dirección General de Cultura por su amigo Elías, tras haber realizado, siempre a dedo, actividades culturales en los Ayuntamientos de Málaga y Valencia.

 

            Marina Bravo intenta ejercer de responsable de Cultura desde Nerja a Casares con el epicentro en “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”, pero Castiel es el que mece la cuna de la Cultura y, de paso, a la propia Marina que ha intentado dar un golpe de timón, pero que ha sucumbido ante el poderío con que Castiel, con el apoyo de Bendodo, se mueve entre bastidores para imponer su sagrada voluntad.

 

            Como uno es perro viejo ha tomado unas copas con personal cultural y funcionarial de la Diputación, lugar donde, además de otros centros de poder, se encuentra el absoluto en materia de literatura, me refiero al Centro Cultural Generación del 27 que dirige, es un decir, el poeta Mesa Toré.

 

            Exceptuando cobrar, todo lo que realiza Marina tiene que pasar por las manos de Salomón. La excitación ha llegado a tal punto que la bella Bravo ha hecho honor a su apellido y se ha plantado hasta su jefe real, Elías, para comunicarle, más o menos, él o yo.

 

            Así las cosas, tan sólo un acto de fe en Marina puede solucionar el conflicto; pero la fe, en este caso, anda por otros derroteros.

 

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