Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Mª VICTORIA REYZÁBAL
Acerca de "Poesía contemporánea en lengua hebrea", edición de L. Futuransky y M. Teitelraum.   Libros del Aire, 2012

Mª Victoria Reyzábal

Edita: Libros del Aire

 

         En esta destacable antología poética se siente el amor a la tierra, la sensibilidad ante la problemática que vive Israel pero también los palestinos. Está conformada por escritores distintos, nacidos en el extranjero o en el lugar, procedentes de lenguas maternas diversas aunque ahora escriban en hebreo, de etnias plurales, mas ello no les impide manifestar una emotividad identificable, hacer uso de repertorios más o menos comunes: bíblicos, bélicos, pacifistas, feministas (“Esa noche fui una muñeca mecánica”, Dalia Ravicovich, o percibible en los textos de Yona Wollach), sin olvidar la cercanía de la muerte como negación (“y veo cómo te plantan/ en el gran huerto de los muertos/ y ninguna lluvia/ aun la más halagadora/ te hará crecer”..., Agui Mishol), la misma Mishol lamenta el sacrificio de los y las mártires que se inmolan por el Islam: “Solo tienes veinte años/ y tu primer embarazo es una bomba./ Bajo tu amplio vestido/ estas grávida de explosivos...”, en definitiva: “... no hay que tomarse la vida seriamente/ porque de ella nadie sale vivo” (Naim Araidi). La primera persona propia de estos poemas ofrece al lector una cercanía que compromete con el contenido del mensaje lírico incluso cuando adquiere rasgos épicos, pues hace que el lector sienta sus vivencias.

Algunos de estos escritores, en bastante proporción ya fallecidos, se sentían desterrados en sus países de origen y se sienten extraños en Israel; fueron europeos en los campos de exterminio, seres marginados o excluidos en otros regímenes y al llegar a la tierra prometida la encuentran en guerra permanente con personas de historias parecidas, se muestran antibelicistas con el fusil de la palabra, renuncian a su propia tradición literaria para responder a la realidad presente y sufren el que durante ciertos días deban cumplir con el servicio obligatorio en la reserva militar; otros proclaman percepciones pesimistas contra un patriarcado cerrado y ajeno a plasmaciones modernas, por ejemplo en canciones, en composiciones urbanas que muestran el amor a Tel Aviv, el cuestionamiento a la realidad de Jerusalén o a la soledad rodeada de multitudes de Yudit Shahar:

 

“¿Que les cuente los dolores de la soledad

su sabor que invade cada partícula del cuerpo?

Pero soy una mujer urbana dura

de la generación siguiente a la liberación de la mujer

mide sola aceras polvorientas

respira tubos de escape tóxicos

planea entre una multitud de rostros desconocidos

por qué debería llorar los dolores de la soledad

por qué debería llorar

la soledad de la soledad.”

 

Locales y cosmopolitas, herederos de la tradición judeo-árabe (con alusiones a Abraham, Isaac, Eva, Adán, Abel, Caín, José, Moisés y a las cuatro matriarcas: Sara, Rebeca, Lea y Raquel) pero también de la grecolatina (con referencias a Ulises o Safo), incorporan aspectos cinematográficos, futbolísticos, publicitarios, musicales, políticos (bien ejemplificado en el texto “Política" de Ahron Shabtai), periodísticos... revelan el multiculturalismo israelita, nación que recoge, sin homogeneizar, quizá más procedencias y expectativas que ninguna otra, sin dejar de luchar contra la debilidad identitaria y eso que aquí sólo se recogen algunos poetas que escriben en hebreo, pero ello no impide la percepción de los que sin ser musulmanes, ni judíos, ni cristianos se sienten integrantes de esa sociedad aunque constaten la alienación o desgarro que conlleva el ser hijo de distintas madres, de paisajes opuestos, algunos con nieve y osos polares, junto a la aspiración de descansar en los brazos del amor: “Tanto quererte y no podértelo decir,/ de tanto quererte...” (David Avidan), “Mi Monte [Sinaí] era una niña que se sentaba/ a mi lado en clase y mi boca no era una zarza ardiente/ para encender, frente a sus ojos,/ mis palabras inflamadas de amor” (Ronny Someck).

Los trece autores seleccionados con sus diferencias de esperanza y dolor, odio y ternuras, injusticia y generosidad, críticas y aceptación, experiencias y sueños, renuncias y entregas nos ofrecen la visión de su realidad subjetiva, de su convivir en riesgo dentro de una comunidad que ellos han elegido en aras de metas comunes de futuro, dispensando palabras poéticas, aunque “Quise decir algo que aún no dije” (Jaim Gurí), pues la vejez puede llegar antes de tiempo y con ella la frustración de no haber llegado a ninguna parte: “Si se concentra, surge el recuerdo de una lejana batalla/ sedienta de contrastes, de talento,/ de esperanzas extremas...” (David Avidan) o, ante la añoranza, preferirse errante: “Yo no necesito llegar” (Dalia Ravicovich) aunque será necesario consentir un pasado, un devenir contradictorio: “la mezquita que una vez fue iglesia/ que una vez fue sinagoga...” (Naim Araidi). Este proyecto que ha costado tanto a mucha gente, cuyo sudor y lágrimas se recoge en “Trabajo árabe”, expresión que alude a tarea escasamente remunerada (de Ronny Someck) o a la constancia de la extranjería (Salman Masalha), se tiñe incluso de irreligiosidad o fe reformulada (Admiel Kosman) no obstante también cabe en cierto misticismo. Tales componentes, junto a la calidad literaria, hacen que esta obra resulte enriquecedora para los lectores españoles.