Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
ANA CAMPOY
(En una palabra: armonía, "La poética de Ángel F. Sánchez Escobar", de José Cenizo)

José Cenizo Jiménez

El profesor José Cenizo Jiménez escoge el título En una palabra: Armonía para hablarnos de la poética de Ángel F. Sánchez Escobar. La palabra clave es “armonía”. En el ámbito musical la armonía es la parte de la música que estudia los acordes y es la base en la que se sustenta toda creación sonora. Efectivamente, Ángel F. Sánchez Escobar parte de una base armónica para ofrecernos una obra donde cada poemario es una constelación que nos apetece conocer y disfrutar. <//span>

     Pero antes de adentrarnos plenamente en el análisis de este libro, no podemos dejar de comentar el original acierto del poeta apuntado por José Cenizo: se trata de la relación entre ecologismo e intimismo que existe en la obra La gaviota fosfórica, donde la desazón interior está emparentada con el paisaje poblado por bahías desnutridas y “residuos de pirita”...

     Desde el principio, como nos indica el subtítulo, La poética de Ángel F. Escobar, existe una presencia contenida de elementos armónicos que van recorriendo los temas vitales de la poesía: el amor, el tiempo, la trascendencia y otros propios del autor como es la denuncia ecológica hecha intimismo... Armonía, en ocasiones desgarrada por gritos eróticos -“derretir la lengua y dejarla correr azul” (de El último cielo de otoño, 2004)-, por la dolorida ausencia, por la incardinación de imágenes sugerentemente surrealistas: “el eco de una risa que huele a motor: / troceada, tartajosa...” o por la naturaleza simbólica del agua, presente en todo su universo poético a través de la lluvia, del mar, de lo húmedo...

     La trayectoria de toda su obra, desde sus primeros libros en prosa -El don de la serenidad- siguiendo con  libros de poesía tan interesantes como La gaviota fosfórica hasta la publicación del último -Diálogo abierto con el Espíritu interior- puede ser vista bajo dos tipos de lentes: una es la de la tradición y la otra es la de la modernidad.

     Tradición, en la  forma de ver el sentimiento amoroso, bien explicada por el maestro Díaz Plaja cuando dice que el amor tal como se entiende en el mundo occidental tiene sus orígenes en el siglo XII, con la poesía de los trovadores provenzales. En principio fue un “amor cortés”, propio de la corte y la aristocracia. Progresivamente se fue extendiendo a otras capas de la sociedad. Pero no es hasta el siglo XIX cuando llega a las masas populares, en el marco de la novela romántica. ¿No es acaso la predilección amorosa un ser en constante evolución? De hecho en Sánchez Escobar encontramos al principio una necesidad de amar, empujada por una soledad acuciante y, al final, hay una necesidad espiritual de conocimiento interior, que quiere llegar hasta lo más espiritual, como el mejor Juan Ramón Jiménez de Dios deseado y deseante. De esta tradición bebe nuestro autor y de Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez, Bécquer...

     Modernidad, en el uso formal del verso libre y la prosa poética para mostrarnos nuevos espacios sociales como los centros comerciales invadidos por tiendas como Zara: “Zara, Springfield, Pull&Bear / -retórica moderna-, / y olvidándote poco a poco, / y Tú / penetrando en mí” (en Diálogo con el espíritu interior, 2009); o en el aire contaminado por la industria química de Huelva: “había muchas más gaviotas que de costumbre. / Volaban en tropel esperando la salida / de los vertidos fosfóricos” (La gaviota fosfórica, 1994). A este respecto, resulta interesante observar cómo por la misma época se originan paralelismos en las letras de algunos grupos musicales. Objetos y espacios sociales contemporáneos acuden a la imaginación de poetas y músicos. Veamos dos exponentes:

         En el año 1984, el grupo granadino 091, cantaba en su Cementerio de automóviles: “En un paisaje abstracto el aire está en tensión / entre hierros retorcidos y oxidados cae el sol / En el cementerio de automóviles estoy/”.

    A la vez, el poeta  Luis García Montero (Poesía urbana: Antología 1980-2010, Sevilla, Ed. Renacimiento) nos decía:

                            Me persiguen

                            los teléfonos rotos de Granada,

                            cuando voy a buscarte

                            y las calles enteras están comunicando.

         Todo ello es la prueba de que la obra de Ángel F. Sánchez Escobar es una demostración de la hipótesis nietzcheniana de que la vida no se vive en totalidades. Este es el motivo por el cual nuestro poeta usa la tradición y la modernidad para volver a una tradición que es una verdadera modernidad. Las palabras del teórico Edmund Wilson en El castillo de Axel. Estudios sobre la literatura imaginativa (Destino, Barcelona, 1996)  son premonitorias: “El concepto de modernidad no puede estar enfocado hacia una periodización exacta; porque la modernidad es experimentar lo que es nuevo en la sociedad moderna”; ¿y quién podría afirmar que la mística (mística presente en la obras Tiempo circular -2000- y Diálogo abierto con el Espíritu interior -2009-) como vehículo para expresar lo inefable no es moderno y a la vez tradicional?, ¿quién podría negar que el desengaño amoroso no es una constante en nuestra literatura y a la vez una enseñanza moderna de lo que significa la frustración? Ahí queda la reflexión.