Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ CENIZO JIMÉNEZ
Crítica de "Poder absoluto". Teatro Lope de Vega. Sevilla, 16 marzo de 2014

José Cenizo Jiménez

         Tentado está el ser humano (tan inhumano a menudo) por el poder, la ambición, el dominio absoluto de los bienes, la conciencia e incluso la vida de los demás. Si esta tentación se enmarca en el juego de la política de alto nivel, tan poderosa e influyente ya de por sí incluso por medios democráticos, el pentagrama de la corrupción y el nepotismo está servido.

De esta tentación y, por desgracia, realidad tan a menudo, como nos recuerdan los telediarios, se sirve la obra “Poder absoluto”, brillantemente escrita y dirigida por Roger Peña Carulla y protagonizada por dos conocidos actores: Eduard Farelo y, sobre todo, el incombustible y convincente Emilio Gutiérrez Caba. El segundo, por su edad, es el candidato a presidente, por el partido conservador, de un país europeo; el segundo, treintañero de pro, es el que da la réplica a tamaño cínico y prepotente, capaz incluso de proponer al joven, a cambio de un ministerio, matar a un rico influyente que está dispuesto a destapar, nada más y nada menos, que el candidato tuvo un pasado nazi (ayudante de los médicos de funesto recuerdo en los campos de concentración).

         La primera parte, a mi modo de ver, llegaría hasta el punto en que el candidato revela ese secreto que arruinaría su carrera. La palabra nazi funciona como un antes y un después por su indiscutible radicalidad, por mucho que él se esfuerce en justificarlo como su única salida en aquel contexto (era judío). Desde ese momento, el interés del diálogo, antes un tanto encorsetado y educadísimo, crece por la crítica que el joven, ya desmelenado y algo ebrio, hace al malvado señor presidente de su partido. Lo bueno es que aún queda una vuelta de tuerca, casi teatro dentro del teatro, en el sentido de que el joven estaba fingiendo, pero no desvelaremos todo a los futuros espectadores. En resumen, mentira y ambición por las dos partes, lobo contra lobo, pura (impura) política. Basura, como la que vemos en los telediarios: dinero en B, tráfico de influencias, salvadores de la patria, corrupción, malversación, demagogia, etc. Justificada con un cinismo que nos toma por tontos a todos (o casi).

         La obra demuestra cómo dos personas sobre un escenario, en apenas hora y pico, son capaces de mantenernos atentos y expectantes, de tan actual y exacto que suena lo que se discute. Si le añadimos que la escenografía -de Carles Pujol- es sumamente acertada, de sobria y precisa (dos sillones, dos muebles, un fondo de jardín…), que la música (ópera: “Recondita armonia”) es intencionada como contraste con la vaciedad y bajeza de los personajes, y que el vestuario y la iluminación -de Eulàlia Miralles y Raúl Martínes- también acompañan cordialmente, tenemos que agradecer a director e intérpretes que nos hayan dado un ejemplo de buen teatro y mejor lección de lo que no debemos ser si alguna vez llegamos a la política (¿utopía?).