Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
ANTONIO GARCÍA VELASCO
RESPUESTA DE ANTONIO GARCÍA VELASCO A FRANCISCO BASALLOTE

Antonio García Velasco

Francisco Basallote

Ignoro si Francisco Basallote ha leído completo el libro que reseño en mi artículo HAIKUS A ATRES VOCES de Aurora Gámez, pero la afirmación “son simple exacerbación del ego y que no cumplen ninguna de sus premisas” (las premisas del haikus) me parece excesiva, sobre todo si juzga por los dos haikus que cito como ejemplos y que él mismo recoge. Se basa, al parecer, en la afirmación de algunos de que el haikus se caracteriza, entre otros rasgos, por “la ausencia del yo”. Veamos algunos de los haikus de Bashô, monje budista del siglo XVII, que populariza el haiku, le da un aire de bella melancolía (wabi-sabi) y le dota de un sustrato zen, trascendente:

 

“ebrio me duermo / y en la piedra florecen/ las clavelinas”; “sólo viajero / quisiera ser llamado / primer chubasco”; “en el camino, la fiebre / y por mis sueños, llanura seca/ voy errante”; “me llamarán por el nombre / de caminante / tempranas lluvias de invierno”; “piernas enclenques / tendré, pero está en flor / el monte Yoshino”; “yo me pregunto / avanzado el otoño / qué hará el vecino”; “plenilunio de otoño / paseo en torno al estanque / toda la noche”; “yo soy un hombre / que come su arroz / ante la flor de asagao”; “a la intemperie / se va adentrando el viento / hasta mi alma”… ¿Dónde la ausencia del yo? ¿Y no muestran algunos de los haikus citados una actitud vital y existencial? Por supuesto que sólo recojo algunos de los que el haijin habla en primera personas y que en otros muchos de este autor el yo está ausente. ¿Será acaso mala traducción de los seleccionados?

 

Cuando los críticos revisionistas achacaron a Manuel Machado que sus sonetos de alejandrinos no eran sonetos, pues, rompían la norma clásica de los versos endecasílabos, él contestó con toda la ironía del mundo: “No, cierto, yo escribo sonites”. Cuando los críticos revisionistas achacaron a Miguel de Unamuno que sus novelas no se ajustaban a las normas del género establecidas hasta ese momento, él, de nuevo en el tren de la ironía, dijo que él escribía nivolas.

 

Estoy de acuerdo con algunas afirmaciones de Basallote cuando cita a Vicente Haya “Todo poeta tiende a embellecer el poema, pero si se excede pierde el haiku..." y pierde la poesía en general, pero ¿dónde está el exceso?

 

Un exceso es afirmar que “Haikus a tres voces” son “simple exacerbación del ego”. Por otra parte, ¿quién “tiende a crear la confusión ante un público anhelante de conocer a este pequeño y maravilloso poema, expresión cultural de un pueblo que nos merece todo nuestro respeto”, el crítico o la poeta? Con respeto y admiración al pueblo japonés, a su cultura y sus haikus.

 

Más cuestiones: "Haiku es lo que está ocurriendo ahora, en este instante”, ¿en el instante del observador, poeta, o del lector? Ciertamente el haiku recoge un instante, de la Naturaleza o de la cotidianidad de las gentes, pero ese instante da lugar, como decía Henderson, en su Introducción al Haiku (Nueva York, 1958), a haikus “de muchas clases, grave, bullicioso, profundo o superficial, religioso, satírico, triste, humorístico o encantador”. En todas está sin duda la manipulación del lenguaje que hace el poeta, lo que hará que sea o no sea poesía. Ahora bien, Vicente Haya, experto en haikus, afirma que “un poeta con talento literario, a veces, puede olvidarse de que un haijin no es un experto en el uso de las palabras, sino un individuo particularmente sensible al mundo”, ante lo que cabría preguntarse si para expresar lo percibido por su sensibilidad no ha de valerse del lenguaje y en que el uso de éste hará o no un buen haiku. También nos afirma Vicente Haya que “un haiku no es un poema breve”, que el haiku no es “literatura”, sino “parte del adiestramiento espiritual” (¿?). Pero no saquemos las afirmaciones de su contexto y convengamos, simplemente, con el mismo autor en que “trate de lo que trate (porque el haiku no solo habla de la Naturaleza), lo que siente, debe tener fuerza” y, digo yo, la fuerza del haiku está en que nos haga percibir lo mismo que lo motivó en el haijin, porque, como la poesía visual, nos llega y nos dice algo o no nos llega y carece de sentido para nosotros.

 

Pero algo más. Se pregunta Haya, ¿Puede el poeta expresar sentimientos en un haiku? Y responde: “Podemos afirmar que sí, siempre que hayan sido causados por algo que realmente justifique dicha exhibición de emociones, como en “habiendo vivido más de la cuenta / también yo tengo frío, / mosca de invierno”, que escribía Tayo-Jo.

 

También nos habla Haya de haikus que hablan de la conmiseración por los seres sufrientes, en los que el haijin nos muestra su compasión por seres humanos o cualquier clase de criatura: Bashô de nuevo: “vestido de escarcha / duerme en el viento… / ¡Un niño abandonado!” Aunque en la cultura japonesa los miembros de la sociedad inactivos, parásitos o débiles son considerados una carga y, en consecuencia, “la expresión de la compasión no es operativa, no sirve a los intereses del grupo; no contribuye a la resolución de las situaciones con más eficacia. La laboriosidad, la abnegación, la disponibilidad son un valor; la expresión de la compasión es un lastre” (Vicente Haya). Nuestra cultura es otra y, de ahí, posiblemente, que nuestra sensibilidad ante los haikus también sea distinta. O no.