Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
FUENTE: DIARIO-MÁLAGA
UNAS DECLARACIONES SIN DESPERDICIO

Manuel Ruiz Amezcua

El jiennense publica 'Del lado de la vida', una antología prologada por Muñoz Molina y que compendia su poesía desde 1974 hasta hoy

"A lo largo de 40 años he procurado dos cosas muy importantes: no parecerme a los demás y, sobre todo, no parecerme demasiado a mí mismo", explica Manuel Ruiz Amezcua (Jódar, Jaén, 1952), "poeta sincero, auténtico e irremediable", como lo catalogó Fernando Fernán Gómez.

Una antología poética, editada por Galaxia Gutenberg y titulada Del lado de la vida, compendia ahora la obra de Ruiz Amezcua entre 1974 y 2014. La obra cuenta con el prólogo de Antonio Muñoz Molina, amigo del poeta. Desde Humana raíz, su primera publicación, en la que admite la "influencia de Quevedo y Góngora", su escritura ha explorado "el amor, el desamor, la justicia, la injusticia, la vida, la muerte...". Hoy, cuatro décadas después de empezar a publicar, asegura que "lo importante en poesía, y en el arte en general, no es de donde se parte, sino adonde se llega, si es que se llega a algún sitio".

"La suya es una poesía dolorida pero no sin esperanza. En los tiempos de hoy cuesta mucho trabajo mantener la cabeza levantada. Quizá la poesía sea la mejor palanca. Una novela nunca da la sensación de poder levantar el mundo. La poesía sí. Como esta suya", declaró una vez José Saramago acerca de la obra de Ruiz Amezcua. "Lo dijo un Premio Nobel que empezó escribiendo poesía, se convirtió en un gran novelista y siguió pensando que el arte supremo del lenguaje reside en la poesía. Lo que dijo de mí no ha trascendido porque no pertenezco a la cosa nostra que domina el mundo de la poesía actual", valora el poeta.

A Ruiz Amezcua le incordia que el tratamiento de los foros poéticos y mediáticos no se corresponda con los halagos que, por ejemplo, "50 personalidades de la cultura" le tributan en "un volumen de 600 páginas", publicado por Comares: "No les interesa que mi poesía sea conocida. Llevan 40 años ocultándola. El foco lo tienen ellos a su disposición, llevan treinta y tantos años enfocando lo mismo. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen".

Para el autor, de pluma -también de voz- comprometida y contestataria, "el que pierde la responsabilidad con el lenguaje es que ha perdido la responsabilidad con la vida". Especialmente crítico se muestra con la falta de honestidad -"la impostura es lo peor para las palabras"- en el universo poético, porque, afirma, "los mismos que disfrutan de las prebendas del poder, del que son niños mimados, dicen que critican a ese poder".

Ruiz Amezcua, en referencia al contexto económico y social que acontece, advierte una crisis que va más allá de los escollos puntuales: "El hombre está en crisis permanente. La cultura nos ha mostrado ese malestar durante miles de años. Lo importante es que esa crisis se convierta en verdad y belleza, que es la función del arte. Y así se produce una catarsis, una purificación".

Con la poesía como propuesta paliativa para la crisis existencial -"las palabras curan cuando son verdaderas y bellas"-, apuesta por escribir usando "todas las personas gramaticales" y por "universalizar el yo". En plena reconciliación de la vida con el hombre a través de la escritura, considera: "Al expresar lo que nos preocupa, nos redimimos y nos liberamos. Hay veces en que el silencio es tan necesario como la palabra. Y la palabra, a veces, debe imitar al silencio".

En un repaso a la salud del verso en España, sostiene que "la poesía dominante desde hace más de 30 años ha centrado su catecismo ideológico en algunos autores de la Generación del 50". En cuanto a los discípulos -"más que amojamados"- de los maestros de aquel periodo, opina que "se han apontocado y pastan en el presupuesto".

En cuanto a las tendencias imperantes del género, señala que "los poetas oficiales han acabado con los lectores de poesía". También los acusa de ser "jurados de muchos premios de poesía dados por editoriales que ellos mismos dirigen" y añade que "esos premios suelen recaer en poetas que, a su vez, publicitan luego a los mismos miembros del jurado y a la editorial que los ha premiado. Así funciona la cosa nostra, la corrupción no está sólo en la política. Con excepciones, el mundo de la poesía huele a todo menos a rosas".

La portada de Del lado de la vida desarrolla una idea de Confucio a la que apela Ruiz Amezcua: "Giramos siempre en un círculo que nos encierra". "Alguien que recuerda todo / pero no comprende nada", dicen dos de sus versos: "Los humanos nos vamos de este mundo sin saber apenas nada. Las preguntas siguen siendo las mismas...". Al hilo de esta antología, el poeta concluye: "Cuando acabo un libro, me quedo a la espera de nuevas palabras; a veces tengo miedo de que no vuelvan...".