Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
RAmón g. medina
En torno a ·Poemas para no olvidar", de Francisco Vélez Nieto   Ed, Voces de Tinta

RAMÓN G. MEDINA

FRANCISCO VÉLEZ NIETO

Ed. Voces de Tinta

 

Una nueva entrega de poesía nos hace Francisco  Vélez Nieto con el libro “Poemas para no olvidar” (Ed. Voces de tinta, 2016), lo que siempre es una felicidad encontrarse con poesía fresca que nos ayude a evadir la modorra. Una prosperidad para el espíritu. Sus poemas son tallas que nos hace “con la gubia del tiempo”. Este libro, breve en su conjunto, me trae la secuencia de la memoria: “Molduras que son arrugas de la vida, huellas del andar.” Instinto que obedece al fondo vital de la experiencia. “Así pues -dice-, escribo luego me siento artesano/ insobornable”. Esto es, siempre. Mensaje frente a “los golpes de la derrota.”

La brevedad de sus poemas, como es costumbre y dicho: “breve, si bueno, dos veces bueno”. Cada poema se agita con la intensidad de su desasosiego, y brinda por la amistad y, a veces, en la desesperación de la melancolía, se desploma, “mientras el sueño ansiado se esfuma”, Porque -y esto es una sustanciosa verdad-: “Todo pasa, permanece húmedo el sentir” Se desangra en la desesperación del desencanto y no brinda desde luego, por dioses ni banqueros. Quiero pensar en esos dioses y voceros que siempre llegan holgados a fin de mes.

El alma se encala de blancura y tristeza, de música y sosiego tras la mirada de Francisco Vélez Nieto, que nos arrima “abanicando adioses”. Pero “Miras y el cielo se torna azul”, como entendiendo que algo aún puede esperarse. La visión vital, que siempre está presente en “Poemas para no olvidar”; no es el olvido del pasado, porque se nos echa encima. Y esto me trae aquel dicho de Platón: Pues incluso dos veces, si es necesario, hay que repetir lo que es hermoso. Y entramos en el dominio de la palabra poética. La que apresa el espíritu huyente hasta hacerlo un alma consustanciada con el sonido y la imagen. La sombra que nos amenaza el porvenir inexistente, “palabra de hombre llano, se me nubla el aliento/ ante tanta ignorancia voluntaria,” y esto suena en su decir de aquellos versos de Aleixandre: …eres tú, eterno nombre sin fecha / bravía lucha del mar contra la sed…; o lo que quisiéramos que hubiera sido.

Pero es nuestra presencia la que sólo puede reconocerlo. Es el sembrado de lo que se hace, frente a lo que no se hizo. Vélez Nieto nos recuerda en estos poemas aquellos cantos doloridos que Blas de Otero imprime con pesadumbre sobre aquella exuberante patria que se repliega como sorda, sin coraje, ante los estampidos de la desidia. “Imprimo gozo y dolor” No puede hacer otra cosa con la desesperación y envestida de esa cultura mal entendida que asola todo espejismo de futuro elevado, y se rebela legítimamente.

Sus poemas son una invitación a ser más inteligentes: “Jamás doblegarse a la dádiva de voceros” Difícil nos lo pone el autor de este poemario, para olvidarse y caer en la tentación del arrullo del vocerío adormecedor. Sigo leyendo y no paro de sorprenderme en felices versos que alumbran con la luz de la observación, sino la vivencia transparente y, “De pronto, se quedó solo con la sombra y la memoria”. Quizás la vida esté demasiado llena de celuloide, pero él, Vélez Nieto, no se rinde en su forma musical de levantar el péndulo de su verso: “El tiempo teje y desteje, espera de Penélope,” y nos hace ausentes, abstraídos en su lectura, hasta llevarnos a remotos paraísos fiscales; viejos pensamientos no caducos, pese al tiempo, como este tan inocente de Teofrasto: “El más bello universo es sólo un montón de desperdicios reunidos al azar” y uno se queda, pensativo, abstraído verdaderamente, ante este libro de “Poemas para no olvidar