Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
José García Pérez

José García Pérez

Francisco Fontuny

Ya saben, una lista de nombres de escritores que Antonio Soler publica como referencia de buenos autores de novelas, poemarios, relatos, etc. Y una réplica de José Sarria con otra panda de creadores y sus cargos, con apéndice de promesas, camino -demasiada caminata la de algunos- de abrirse paso en este tumulto literario.

 

En medio de ambas relaciones, ninguneados por ambos padrinos, el ciento y la madre de otros “plumillas” condenados a una migaja de pan y una maldita mazmorra en el tenebroso mundo del silencio de las letras.

 

Literariamente más consolidado Soler que Sarria -el primero novelista famoso y poeta el segundo- y ambos con plataformas diferentes, el primero con sus galones conseguidos en premios de envergadura -de alguno de ellos parece vomitar, y el segundo, Sarria, llevando la batuta de Asociaciones Literarias, sería una osadía, por no decir un gran riesgo para noveles, saber a ciencia cierta quién de ellos lleva razón.

 

Lo único que se puede afirmar es que ambos han osado convertirse en jueces de algo tan difícil como es valorar algo tan subjetivo como son las palabras enhebradas en el hilo musical de la poesía y/o hacer propia la digestión de una novela, fuera de lo que dictamine un Jurado, ¡ay de los jurados literarios!, cuánto y malo y sectario podría hablarse de ellos en ese “toma y daca” que no lo perderás; ambos padrinos saben bastante de ello.

 

Queda claro, al menos para un servidor que conoce el cotarro literario mejor que ambos por aquello de coordinar desde hace veintiséis años un suplemento literario que los dos han echado el copo y han arrastrado solamente a amigos o amiguetes, y ello los inhabilita como imparciales.

 

De todos los escritores nombrados en ambas listas, es digno de alabanza encontrarse con el “cuántico” Curro Fortuny, poeta y algo más que jamás se ha dejado doblegar por las llamadas corrientes literarias, y que siempre ha sido él sin venderse al mejor postor; que conste que hace un porrón de años que no de sus andanzas, aunque sí de sus creaciones únicas e irrepetibles.

 

Desde mi celda número 61, de la que algún día hablaré, seguiré opinando de los dos listados de amiguetes por el simple hecho de entretenerme con ello.

 

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