Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Javier Olalde
Acerca de "PLEGARIAS A UN DIOS INDIFERENTE", de Mª VICTORIA REYZÁBAL. Ediciones Vitruvio

Javier Olalde

Mª Victoria Reyzábal

Ediciones Vitruvio

 

PLEGARIAS AGNOSTICAS, por Javier Olalde.

Acaba de aparecer, editado por Vitruvio, el último libro de versos de María Victoria Reyzábal, autora avalada por una extensa y prestigiosa obra poética, narrativa y ensayística. Su título es “Plegarias a un dios indiferente” Título expresivo y adecuado, pues refleja con exactitud el contenido de este libro profundo y reivindicativo, aderezado con ironías y sarcasmos, y escrito con un estilo directo y brillante, donde la poeta arremete contra la distanciada indiferencia del dios escondido y le pide cuentas por ese displicente y mayestático comportamiento, aun albergando la convencida sospecha de que el dios está mudo y, muy probablemente también, sordo para atender las quejas y las súplicas: esa esperanza incumplida de las víctimas de la que hablaron los pensadores de la Escuela de Frankfurt.

 

"Plegarias a un dios indiferente" es un largo poema monódico compuesto por ciento cinco cantos fragmentarios. Un vigoroso y sostenido monólogo lírico que discurre en torno a un eje temático central: Yahvé, el dios judeocristiano, patriarcal y oculto en su infinita gloria.

En su disertar acerca del dios y su desdeñoso silencio, la voz crítica de la autora va repasando y exponiendo todas esas apelaciones y reproches, repulsas e insurgencias, que la modernidad primero y nuestra presente posmodernidad proclaman frente a una avejentada virtud religiosa, éticamente lejana y marchita. Un discurso, pues, ácido y actual, escrito con un len guaje sin máscaras y desgarradamente poético. Porque la poesía —que no lo dude nadie— se atreve con todo y contra todo.

La primera parte del poema, titulada ANHELOS, que consta de 52 cantos, bien se podría haber subtitulado agnosticismo versus nihilismo" es decir, agnosticismo enfrente de o contra el nihilismo, pues trata sobre todo del sentimiento de desamparo que la autora experimenta al sentirse atrapada en la oscura noche del nihilismo. Así, María Victoria declara en el canto 10:       “y tú / inexistente/ o peor aún/ esquivo (…) sin embargo/ el cántaro de mi boca aun clama por ti/ en el desierto de esta nada" Y en el canto 32 reincidirá en la queja: "déjame/ por favor/ que crea en algo/ en alguien"

Mas, a pesar de la angustia, la poeta permanecerá anclada y firme en esa incómoda y desazonadora conciencia de la nada, sin aceptar la ciega servidumbre soporífera y claudicar frente al colérico Yahvé, “¿cómo excluirte del mal que padecemos?"        le reprocha en el canto 48, sin poder perdonarle la soberbia, las amenazas, el paternalismo desnaturalizado, la intolerancia de los dogmas. Una adversa y desesperante situación para la que María Victoria solo encuentra un bálsamo dentro de sí misma, la poesía, tal como confiesa en el canto 18: ”estoy a punto de claudicar/ sin embargo/ en el silencio absoluto del vacío/ aún me queda la poesía"

La segunda y última parte del poema se titula EXTRAÑEZAS y está formada por 53 cantos. En esta parte el círculo temático se ensancha. La voz de la autora, crítica siempre, dolorida y también mordaz, amplía su arco para denunciar y lamentar las manifiestas consecuencias socio—culturales y éticas que la creencia religiosa genera en las sociedades humanas.

Las preces irredentas del poema “aun sabiendo/ que no responderás jamás" -recela la poeta- despliegan un formidable arsenal de interpelaciones y acusaciones provocadas por el cotidiano espectáculo de una humanidad sometida en buena medida todavía al abuso opresor de los poderes políticos, económicos y religiosos. “Qué te parece todo esto/ hacedor supremo —se dice en el canto 83— / ¿no merecería algún rayo/ de advertencia?"

Y se oye también con nitidez la reclamación vigorosa del fervor feminista que la autora profesa señalando y desatando las tradicionales estructuras jerárquicas del orden patriarcal que siguen excluyendo y agraviando a la mujer en esta época de posmodernidad supuestamente liberada y emancipadora. Como ejemplo este fragmento del canto 88: “solemos perdonar al hombre/ porque no sabe lo que hace/ y a dios/ porque sus razones resultan inexcrutables/ sin embargo/ crepitamos entre el metal gélido de los sueños/ durmiendo junto al/ rescoldo de las fieras/ siempre atentas a la contingencia/ del momento/ despreciadas amamos"

Y a modo de omnipresente raíz que se extiende sin pausa por el solar del poema, resuena ese constante e irresoluto dolor provocado por el sentimiento nihilista. Así en el canto 72: “pero qué difícil resulta/ no creer en absoluto/ no esperar nada de nadie/ nunca/ en ningún lugar/ o en todos los lugares"

No estamos por tanto ante un libro blando ni complaciente, sino ante un poemario firme y arrojado, escrito con un lenguaje sobrio y directo, pero rico y abundante, que busca la libertad creadora empleando un verso carente de reglas, con ausencia de puntuación y de mayúsculas, donde los cantos se van enhebrando con una aparente anarquía, como si fuesen fragmentos sin principio ni final que surgieran espontáneamente, sin respetar orden ni obligaciones formales.

Y, a pesar de ello, tanto la forma como el lenguaje se muestran nítidos y fluidos, mientras que la detallada partición de los versos facilita la interesante lectura.

En resumen, un libro intenso que huye de lo vano. Una creadora que no duda en utilizar voces y expresiones populares, y que se manifiesta a veces con el sarcasmo más ofensivo, acreditando siempre una gran riqueza comunicativa. Una poesía que afronta el fracaso y el dolor, y le planta cara a la inclemencia sin doblar la rodilla.