Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
José Cenizo Jiménez
Acerca de "Cuando todo es ya póstumo", de Ángel García López. Edita: Castalia

José Cenizo Jiménez

Ángel García López

Edita: Castalia

 

 

Ángel García López (Rota -Cádiz-, 1935) pertenece a esa generación de grandes poetas andaluces de los años sesenta del pasado siglo, junto a Carlos Álvarez, Manuel Ríos Ruiz, Jenaro Talens, Antonio Hernán­dez, etc. Lleva toda una larga vida dedicado a escribir, una tarea constante que ha dado como fruto numerosos libros con variadas facetas estilísticas, temáticas y métricas, como han señalado abundantes poetas y críticos como Dámaso Alonso, José Hierro, Leopoldo de Luis, Gerardo Diego, etc.

La crítica destaca de García López su magisterio estilístico, su extraordinaria capacidad para el lenguaje literario y su versatilidad temática y métrica. Todo ello le ha hecho merecedor de premios como el Adonais, el Nacional de Literatura, el de la Crítica, etc., o sea, los grandes premios de poesía en castellano. Y todo puede constatarse en su trayectoria, reunida en Obra poética, en tres tomos (Diputación de Cádiz, 2009), y continuada desde entonces con varios libros más.

Este rayo que no cesa de la poesía de Ángel García López nos entrega ahora Cuando todo es ya póstumo, editado por Castalia. Se trata de una singular, poderosa e intensa elegía a partir del recuerdo de la pérdida de la amada. De apariencia métrica versicular, está asentada toda la obra, sin embargo, en esquemas rítmicos de tres heptasílabos, que suman veintiuna sílabas en cada verso, y así en todo momento. Una música perceptible, seductora, para acercarnos a su dolor, siempre, como en toda elegía, en el fondo, mezclada con el canto a la vida, aunque sea la que se fue, la que se recuerda.

Encontramos ecos o influencias de casi todos los movimientos de la historia literaria: del barroco, del romanticismo, del modernismo, de la modernidad… Tal es la lectura y la cultura literaria del autor y su recreación con dominio del verso y de la expresión poética. Y, con todo, su decir suena muy personal, potente, mágico.

Logra elevar unos lugares concretos y una naturaleza circundante a la categoría de alta literatura, de arte supremo. Su palabra es la de un maestro. Estos versos no se hacen sino con mucho oficio, recorrido y sabiduría.

Al paso del tiempo, el “Tempus fugit” y el “Ubi sunt?”, constantes en el libro, se une la ausencia de su amor, recreada con agridulce temblor: ya no está pero es posible revivirla, recrearla, junto a todo lo vivido con ella, con las palabras “el verso, estas frágiles sílabas de cera que el sol hiere / sin que pueda borrarse” (p. 43). A la amada dedica versos eternos como “Jamás en nadie hubo / lo que solo en ti era” (p. 47).

Por todos lados brota la sensualidad pletórica de imágenes, la rica naturaleza, la desolación, la melancolía… “Figura joven” es una de las primeras palabras que aparecen; “ceniza” una de las últimas, y en medio todo lo comentado, con un rigor estilístico extraordinario y una fuerza que no alcanza un poeta fácilmente. Nos quedamos, por ejemplo, entre tanta belleza, con estos versos no tan devastadores ni pesimistas, el recuerdo gozoso del amor consumado, en “La distancia del eco” (p. 43):

“ (…) / Cuando el sol fue en tu cuerpo sin nacer la mañana. Y tu boca el solsticio / y la lluvia en el páramo donde el cielo y la tierra se unieron y engendraron / una rosa distinta, praderas boreales y un feraz regadío”.