Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Francisco Gil Craviotto

Francisco Gil Craviotto

"COLOMBINE"

Carmen de Burgos y Segui, más conocida por su seudónimo de Colombine, nació en Rodalquilar, provincia de Almería, el 19 de diciembre de 1867, pero la mayor parte de su vida adulta transcurrió en Madrid. Allí se convirtió en una de las figuras más conocidas e interesantes del periodismo, la literatura femenina y la reivindicación social. Eran los finales del siglo XIX y comienzos del XX y en el panorama literario y cultural español irrumpían con fuerza varias mujeres de talante innovador: Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Rosario de Acuña, María de Maeztu… A Carmen de Burgos le cupo el honor de ir siempre a la vanguardia de estos movimientos innovadores. Desde muy joven se dio cuenta que la literatura podía ser el mejor vehículo para ir derramando a través de la novela, el artículo, el cuento o la conferencia, sus ideas innovadoras. Había llegado la hora de separar a la mujer del confesionario y hacerla completamente libre y dueña de sí misma.

Carmen de Burgos, hija de José de Burgos Cañizares, vicecónsul de Portugal, vivió su primera infancia en Rodalquilar, cortijo La Unión, donde empapó su mirada y su mente del paisaje reseco y dolorido de Almería, así como de la bondad y sencillez de sus gentes. Ya adulta, en una entrevista que le hizo para La Esfera González Fijol en 1922, ella recordaba con estas palabras su infancia:

Mis padres estaban en muy buena posición. Eran hacendados en Rodalquilar, un pueblo que yo he descrito en varias novelas mías. Como de niña era muy raquítica y enfermiza, me mandaron al pueblo para que me fortaleciese, y allí me crié, sin enseñanzas de nadie, como los ajos porros, sin esencia de Dios, como dice la gente del pueblo. Bueno, esto de los ajos porros no lo ponga usted. (…) Mis juguetes predilectos eran las muñecas y los periódicos. Mi diversión, leer cuanto caía en mis manos y montar a caballo. Era como he sido siempre: un espíritu rebelde, pero con rebeldía de guante blanco.

Contrajo matrimonio muy joven, –sólo 16 años- con un hombre, Arturo Álvarez Bustos, doce años mayor que ella. Era hijo del gobernador de Almería y propietario de uno de los periódicos de la ciudad, “Almería Bufa”, que después pasó a llamarse Almería Alegre, semanario de tinte satírico y mordaz, que tenía su sede en un bajo de la calle Las Tiendas. La boda de Carmen y Arturo, ella con 16 años y él con 28, debió ser todo un acontecimiento en aquella Almería de finales del XIX, cuando la ciudad no llegaba a los cincuenta mil habitantes y aún tenía aires de pueblo marinero y pescador. ¿Matrimonio de conveniencia? No, en modo alguno. Él logró enamorarla, escribiéndole ripiosos poemas, cuando apenas era una adolescente y ella fue a la boda con gran ilusión, pero muy pronto terminó decepcionada. Arturo encarnaba todos los defectos del señorito andaluz y, además de borracho y jugador, era perezoso y mujeriego y muy pronto comenzó a serle infiel. Las discusiones, que al final derivaban en trifulca, se sucedieron en el hogar. A pesar de todas las desavenencias conyugales la pareja tuvo cuatro hijos, de los cuales la única que llegó a la edad adulta fue María. El primer hijo falleció trece horas después de nacer, la segunda a los dos días y el tercero a los ocho meses. La mortalidad infantil en aquellos años era enorme.

El fracaso matrimonial de Carmen de Burgos tuvo sin embargo un aspecto positivo: su primer contacto con la prensa y el mundo de la edición. A pesar del elevado índice de analfabetismo en la Almería de entonces, según nos informa el periodista Juan Pedro Mesa de León en su obra Del Príncipe al Malecón o un paseo por Almería, la ciudad contaba entonces con los siguientes periódicos: La Crónica Meridional, El Diario de Almería, El Ferrocarril, El Cáustico, Almería Bufa y La Montaña. Los tres últimos eran semanarios. Demasiados periódicos para una ciudad que no llegaba a los 50.000 habitantes de los cuales más de la mitad eran analfabetos. De todos estos periódicos y semanarios aquí nos interesa especialmente Almería Bufa. ¿Cómo era este semanario? ¿Qué características tenía? La investigadora Mar de los Ríos nos ofrece el siguiente “retrato” del semanario que dirigía don Arturo:

Los números del periódico satírico-ilustrado, como autodenomina Arturo su publicación, se componen de una sarta de pensamientos criticones y ególatras, que no llegan ni a gaceta de sucesos. El ataque permanente a las mujeres está anclado en cada una de sus frases, donde la  sátira se queda en ordinariez ramplona. Sus composiciones poéticas le siguen de cerca en estilo, las cuales le sirven básicamente para llenar la página en blanco.

¿Qué otra cosa se podía esperar de un alcohólico y juerguista? El trabajo de Carmen en el periódico, en principio, era el de cajista; pero, debido a la desidia de su esposo, muy pronto tuvo que hacer de todo. En una entrevista de 1922, en la revista La Esfera, rememoró así su trabajo:

«En aquel periódico, para ayudar a sostener mi hogar, me vi precisada a trabajar de cajista; y como mi marido, esclavo de sus vicios, no se ocupaba del periódico más que para sacarle provecho, muchas veces, para poder componer original, me valía de la tijera y recortaba de otros periódicos; otras, redactaba yo unas cuartillas, y así fui adquiriendo el entrenamiento periodístico».

Carmen se dio cuenta que, antes o después, su matrimonio se vendría abajo y, antes de que esto sucediera, decidió afianzarse en una profesión que le permitiera vivir por sus propios medios. El magisterio era en aquellos años la profesión más asequible a las mujeres de cierta cultura. Carmen se matricula como alumna libre en la Escuela Normal de Granada y en el año 1895 –el mismo año que viene al mundo su hija María-, consigue el título de maestra de Enseñanza Primaria y en el 98 el de Enseñanza Superior. El año 1901 es una fecha clave en la vida de Carmen: obtiene plaza en la escuela Normal de Maestras de Guadalajara, pierde a uno de sus hijos y decide abandonar definitivamente a su esposo. Su ruptura matrimonial fue todo un escándalo en Almería. No le importa: ella ha ganado la libertad.

Es en estas fechas cuando Carmen empieza a aparecer por las tertulias y cenáculos de Madrid. Muy pronto creará ella su propia tertulia. Tiene poco más de treinta años y, aunque ya ha padecido cuatro partos, aún se conserva físicamente muy bien. Ramón Gómez de la Serna nos ofrece de ella el siguiente retrato:

Hermosa, andaluza, noble, en la plenitud de sus treinta años, quiere luchar como mujer y escritora contra los prejuicios y realizar en las novelas los idilios a los que se opone la vida

Conoce a los escritores más importantes de aquellos años –Galdós, Blasco Ibáñez, Juan Ramón Jiménez, Emilia Pardo Bazán, Rafael Cansinos, etc.- y entre ellos a Ramón Gómez de la Serna, entonces un joven estudiante completamente desconocido, al que muy pronto le une un gran amor. Él es veinte años más joven que ella, pero el amor de ambos supera con creces la diferencia de edad. El idilio durará veinte años. Parece que a la familia de Gómez de la Serna no le gusta nada el idilio de Ramón con la maestra almeriense y, apenas terminada la carrera de Derecho, el padre encuentra un puesto de trabajo para su hijo en París: secretario de la Junta de Pensiones. Piensa que, separando a los amantes, el idilio se vendrá abajo, pero Carmen, que está viviendo con Ramón el amor que no supo darle su marido, pide un año de excedencia, hace la maleta y se marcha a París. Juntos viajan por Europa, primero Francia e Italia y después el resto de los países del viejo continente. Carmen aprovecha estos viajes para tomar nota de todo cuanto ven de interés y, ya de vuelta, publica un libro interesantísimo: Viajando por Europa.

Antes de todo esto Carmen de Burgos ya había hecho irrupción en la prensa madrileña. Comenzó en 1902 en El Globo con una sección diaria que tituló “Notas femeninas”. Pero en 1903 Augusto Suárez Figueroa funda el “Diario Universal” y le encomienda a Carmen una sección fija que titula “Lecturas para la mujer”. Las firma con seudónimo, tomado de la comedia de arte italiana, Colombine, sugerido por el propio Suárez Figueroa, que muy pronto se hará famoso y va a conseguir que todo el mundo termine conociéndola por Colombine. Parece que Suárez de Figueroa eligió este seudónimo porque simboliza muy bien la agilidad, la desenvoltura y la frivolidad de los artículos de la periodista almeriense. Sin embargo la amistad de Carmen con Suárez Figueroa sólo dura un año porque, el primero de enero de 1904, el periodista malagueño muere en un duelo con un militar espadachín, Manuel Salamanca Negrete. El duelo, con espada o pistola, era una práctica bastante corriente en esa época y el escritor y periodista Julio Nombela cuenta en sus memorias que en la redacción del Diario Español tenían un maestro de esgrima que preparaba a los periodistas por si acaso algún lector descontento u otro periosita los retaba a duelo. Más importante que saber manejar la pluma, comenta Nombela, era saber manejar la espada.

Carmen aprovecha su puesto en el periódico para, a través de su sección, ir sembrando las ideas innovadoras que pueblan su cerebro: el voto femenino, el divorcio, el matrimonio civil, etc. Las grandes mentes de la época –Pérez Galdós, Giner de los Ríos, Vicente Blasco Ibáñez, Emilia Pardo Bazán-, elogian sus escritos, pero la España inquisitorial y cavernícola, alarmada ante sus reivindicaciones, en seguida pone el grito en el cielo. El más persistente y mordaz fue el periódico carlista y ultraconservador El Siglo Futuro. Con la llegada al poder de Maura (derecha) los conservadores consiguen que el ministro de Instrucción Pública, Rodríguez San Pedro, la destine a Toledo. Se trata de un destierro encubierto, cuya finalidad es retirarla del mundo de la cultura madrileña. Colombina se las arregla para pasar los días laborables en Toledo y los finales de semana en Madrid, donde su recién creada tertulia, que ha bautizado con el significativo nombre de Modernistas, marcha a pleno aire. Por ella irá pasando toda la flor y la nata de la intelectualidad madrileña. Es precisamente en esta tertulia donde conoce a Ramón Gómez de la Serna.

El año 1909 es otra fecha clave en la vida de Colombine. Ingresa en la Escuela Normal Central de Maestras de Madrid. Poco después, a raíz del desastre del Barranco del Lobo, Carmen de Burgos marcha a Málaga y de allí a Melilla, donde entra en contacto con la realidad de la guerra de Marruecos, ejerciendo de corresponsal de guerra del diario El Heraldo de Málaga. La primera mujer corresponsal de guerra. Fruto de ese viaje será su artículo Guerra a la guerra, publicado a su regreso en Madrid. En él aparece por primera vez el tema de la objeción de conciencia para evitar la mili. De esta manera, a sus anteriores reivindicaciones, Carmen de Burgos añade ahora una nueva: el pacifismo. Colombine se une así a la corriente pacifista que ya apuntaba en Europa y en Francia había dado figuras de la talla de Octave Mirbeau y Jean Jaurés.

La corriente pacifista no pudo evitar que en 1914 estallase la gran guerra, que luego tomó el nombre de la Guerra Europea y, cuando veinte años después se repitió la misma locura, hubo que añadirle un número: primera. Aunque España no participó en dicha guerra el pueblo español se dividió en dos grupos antagónicos, germanófilos y francófilos, según se inclinasen sus simpatías por un bando o el otro. En seguida estalló la guerra Carmen de Burgos marchó a París, desde donde envió abundantes artículos a la prensa de Madrid.

La década de los años veinte fue una etapa creadora de Colombine, llena de artículos, conferencias y publicaciones. Más de cien obras entre novelas cortas y relatos.

El 14 de abril de 1931 se proclamó en España la Segunda República. Carmen de Burgos, cuyas simpatías por la República eran evidentes, vio cumplidas muchas de sus reivindicaciones: matrimonio civil, divorcio, voto femenino… Pero, aunque sólo tenía 64 años, su salud se hallaba ya muy quebrantada. Había llevado una vida muy agitada, de intenso trabajo y repetidos viajes y había recibido además muchos golpes. El más duro y doloroso de todos le llegó de su propia hija, cuando en 1928 supo que ella y Ramón Gómez de la Serna eran amantes. Carmen, siempre generosa, terminó perdonando a ambos, pero el dolor de la traición le quedó para siempre anclado en el corazón. Sus éxitos literarios y su actividad política en cierta manera atenuaron su fracaso sentimental: se afilió al partido Republicano Radical Socialista y poco después fue nombrada presidenta de las Cruzada de Mujeres Españolas y de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas. También ocupó el puesto de vicepresidenta de la Izquierda Republicana y Anticlerical. En noviembre de 1931 ingresó en la masonería, donde fundó la logia Amor, de la que fue Gran Maestre. Pero su salud iba cada vez peor y el 8 de octubre de octubre, cuando participaba en una mesa redonda sobre educación sexual, organizada por el Círculo Radical Socialista, sintió un súbito malestar y, aunque al momento la atendieron tres médicos –entre ellos Gregorio Marañón- nada pudieron hacer para salvar su vida. Murió el 9 de octubre a las 2 la madrugada y fue enterrada al día siguiente en el Cementerio Civil de Madrid. Numerosos políticos y personalidades de las letras asistieron al sepelio. Clara Campoamor pidió que una calle de Madrid llevara su nombre. La Guerra Civil, con el triunfo de los fascistas, aventó el nombre y los libros de Carmen de Burgos de todas las bibliotecas y librerías de España. Sus enemigos, que no habían podido con ella en vida, lograban vencerla muerta. Se imponía la ley del más fuerte. Con la recuperación de la democracia, tras la muerte del dictador, la obra de Carmen de Burgos ha experimentado un rápido y merecido renacer. Una vez más se repite la consabida historia del ave fénix que nace sus propias cenizas. Parece que ahora no hay nadie que pueda pararlo.

COLOMBINE.

II

La editorial Letra Impar de Almería, haciéndose eco de este nuevo interés por la vida y los libros de Colombine, acaba de publicar una de sus muchas novelas, la titulada Puñal de claveles. Corresponde a la última etapa de la escritora y está basada en un suceso real, acaecido en el pueblo almeriense de Níjar, que en 1928 conmovió a toda España: una novia, la noche antes de la boda, es raptada, con el pleno consentimiento de la chica, por un amigo del novio y ambos huyen a caballo. El novio, ultrajado, sale con varios de los suyos a buscar al raptor y entre ambos se produce un duelo a navajazos. Parece que le bastó este suceso a Federico García Lorca para escribir su drama Bodas de sangre. La escritora almeriense Colombina también aprovechó el mismo suceso para escribir su novela Puñal de claveles. Los editores del libro lo cuentan así en la contraportada de la obra:

El 25 de julio de 1928 Federico García Lorca charlaba en la Residencia de Estudiantes con Santiago Ontañón cuando un amigo común, Diego Buros, dejó sobre la mesa un ejemplar de ABC de tres días antes. El poeta comenzó a leerlo y exclamó: ¡Qué maravilla! ¡Leed la noticia! Es un drama difícil de inventar. Un novio, una novia, una pasión secreta, un paisaje seco y desgarrado, una dote, unas tierras que juntar. Una fuga unas horas antes de la boda, un cuñado vengador que mata al raptor, una viuda antes de ser esposa. Reminiscencias de Lope o Calderón, de la España negra.

La edición de Letra Impar viene precedida de un ameno prólogo del escritor almeriense Juan José Ceba, al que le sigue un amplio y pormenorizado estudio de la mencionada novela firmado por la investigadora almeriense Francisca Sánchez Sevilla, de casi cien páginas, al que le sigue un romance popular, El Crimen de Níjar, -romance de ciego de la época-, y por fin aparece la novela de Colombine, que sólo ocupa cincuenta y una páginas de las 166 del total del libro. Se trata de una edición crítica, con abundantes notas a pie de página, muchas de ellas innecesarias. El libro termina con un epílogo del ya mencionado Juan José Ceba. El total de la obra se queda en 166 páginas.

Hora es de comentar el libro. En el prólogo de la novela el prestigioso escritor Juan José Ceba, especializado en mujeres luchadoras, (también ha publicado inolvidables páginas sobre Rosario de Acuña), estudia el parentesco literario de Puñal de Claveles y Bodas de sangre de García Lorca. Después dedica su atención a los puntos más llamativos de la novela de Colombine: presencia del paisaje almeriense y primitivismo atávico en la cuestión de amores y raptos de la región. Para apoyar su argumento cita las propias palabras de la autora:

No era raro en la comarca que un antiguo novio robase a la desposada en su boda, en el momento supremo de ir a perderla y que una boda preparada con alegría terminase en sangre. Encajaba dentro de las costumbres de aquel pueblo de clima meridional, de raza moruna y temperamento sin desbastar.

El estudio de la novela, que a continuación realiza la profesora e investigadora Francisca Sánchez Sevilla, es extenso y muy complejo, presentando diversos ángulos de enfoque: la vida en el secano, las relaciones hombre-mujer, el análisis de los principales personajes de la novela, las tradiciones del pueblo, con una investigación histórica muy completa de los bailes, el matrimonio y las creencias y supersticiones populares en la época de la novela, los simbolismos, especialmente significativos en dos flores: la rosa y el clavel. La escritora termina su extenso trabajo con esta conclusión:

La novela no debe clasificarse como un mero cuadro de costumbres o novela de corte realista, como se ha venido identificando. El componente real y los usos populares existen, pero Carmen de Burgos los supera, aportando a la obra, con la creación de un universo mítico, otros valores.

El extenso romance de ciego, que sobre el crimen de Níjar debió correr en aquellos años por todos los pueblos de la zona y que los editores han recogido, responde a todos los tópicos de este tipo de literatura popular. Su interés no pasa de la mera curiosidad.

La obra Puñal de claveles, que su autora publicó dentro del espacio de la novela corta, cumple con todo rigor su cometido de brevedad: cincuenta páginas, de un libro que en total llega a las 166. Si a estas cincuenta páginas restamos el espacio de las numerosas notas de pie de página, que jalonan toda la publicación, la novela se queda en unas treinta y cinco o curenta páginas, acaso menos. El tamaño de un cuento. Cabe preguntarse: ¿Es ésta la edición definitiva o sólo un boceto de una obra que la autora pensaba ampliar y que, por falta de tiempo y su mala salud, jamás llegó a realizar? El estilo un tanto descuidado y sobre todo el hecho de que la obra termina justo cuando va a comenzar la tragedia, nos lleva a pensar en el boceto o borrador, que después habría de ser ampliado, pero el hecho de que la publicara en vida, (no se trata de una obra póstuma), nos lleva a la conclusión contraria. Pero aún cabe otra pregunta: si publicó Carmen de Burgos esta novela antes de darla definitivamente por terminada, ¿cuáles fueron las razones?

El segundo punto que llama la atención es la vinculación de este paisaje árido, seco y abrasado por el sol, con las gentes que lo habitan. Las relaciones de estas personas con el mundo exterior son mínimas y es el buhonero el que, además de venderles baratijas, les trae algunas noticias de la ciudad y sus gentes. La pobreza se percibe y se siente y, para salir de ella, la única solución es abandonar esas tierras de secano que sólo producen esparto y leña. Es lo que piensa hacer José marchándose a Orán, pero al final todos sus proyectos se tuercen.

El tercer punto que llama la atención es ese ramalazo de pueblo primitivo que, saltándose normas y leyes, rapta mujeres y dirime pleitos a navajazos. Lo han comentado tanto el prologuista como la investigadora. Aquí también caben algunas preguntas. ¿Puede la tierra, la pobreza de estos páramos resecos, influir en el carácter primitivo de sus gentes? Sociólogos y psicólogos tienen la palabra.

El epílogo de Juan José Ceba pone fin a la obra. En él señala la meticulosa labor de los franquistas para sepultar en el pozo del olvido el nombre y la obra de Colombine. Llegó a tal extremo este continuado silencio que, cuando a raíz de la recuperada libertad, en un acto cultural en homenaje a Celia Viñas, la escritora Carmen Conde sacó a relucir el nombre de Carmen de Burgos, nadie sabía de quien estaba hablando. ¡Ni en su propia ciudad la conocían! No era el único caso de autor pisoteado por los franquistas pero sí el más doloroso para la ciudad de Almería. Superada la lamentable etapa franquista Colombina renace de sus cenizas y comienza a ocupar el puesto que se merece en las letras españolas.

 

 

?