Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Antonio García Velasco

Antonio García Velasco

Ricardo Hernández Diosdado

He terminado de leer recientemente la última novela de Antonio García Velasco: “El Pueblo de los Misterios”. Ya patenticé al propio autor su predilección por los asuntos esotéricos, de los que extrae, con suma maestría, consecuencias y enseñanzas muy útiles y de una gran profundidad, que quedan insertas en una trama la cual pudiera parecer ligeramente frívola, pero que tiene su evidente enjundia y profundidad. Así ocurrió con la anterior “Altos Vuelos”, de la que escribí que “en un tono sutilmente humorístico y fantástico, se deslizan con habilidad asuntos de máxima trascendencia sociológicos, económicos y mediáticos”. En esta viene a suceder algo parecido. Tras un argumento en que asoman seres que tienen, o creen tener, contacto con criaturas extraterrestres y que en algún caso han sido abducidas por estas, hay insertos evidentes mensajes trascendentales que debemos descubrir y evidenciar o hacerlos aflorar con nuestras propias deducciones, perspicacias o sagacidades. Pero no hay nada ininteligible en esta magnífica novela; por el contrario es de una amenidad absoluta y solo hay que estar pendientes del mensaje que subyace en cada pasaje o dialogo para poder penetrar el recado que nos transmite encubierto o nos hace llegar de forma evidente el autor. No hay que querer desvelar todos los misterios al instante, parece ser la recomendación que la protagonista hace llegar a su oponente masculino tras esa frase reiterada de “mejor es que no preguntes, Tomás”. Un personaje en busca de su pareja, cuyo paradero no se nos desvela, así como sus circunstancias ufológicas, hasta el final. Y, en medio, una diversidad de curiosos personajes que están todos ellos mediatizados tanto por sus circunstancias personales como por el clima que transita toda la novela y que, como consecuencia, están inmersos en un espacio y en un tiempo que no es propiamente o totalmente terrestre. Escrita, como en el autor es habitual, en un estilo directo y eficaz, la novela apasiona y se lee en una sentada, si bien después nos quedan en la mente una ristra de ideas que hemos de sedimentar, e incluso cavilar, para obtener de tales reflexiones, los pensamientos y especulaciones que García Velasco nos ha querido transmitir con evidente pericia y habilidad.