Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Mª Victoria Reyzábal
Acerca de "En defensa de la conversación", de Sherry Turkle. Edita: "Ático de los libros", Barcelona, 2017

Mª Victoria Reyzábal

Sherry Turkle

Ático de los Libros

Desde su doble perspectiva de socióloga y psicóloga, Sherry Turkle, profesora e investigadora del Instituto de Tecnología de Massachussets, lleva años ahondando en la naturaleza de la comunicación entablada mediante herramientas basadas en la tecnología digital y la repercusión de esta variante de interacciones en la identidad de los individuos y en el funcionamiento social.

La profundización de la autora en el estudio del mundo de la comunicación virtual, que comenzó en 1984 con The Second Self y siguió con otras obras relevantes (entre las que destacan La vida en la pantalla –Paidós, 1997- y Alone toghether -2011-, no disponible en versión española) culmina por el momento con este agudo y oportuno ensayo acerca de los riesgos no de las tecnologías digitales sino de su abuso en detrimento de los intercambios “cara a cara”.

En menos de dos décadas, herramientas como Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp, Skype, Snapchat, Tinder… (por citar solo un pequeño número del inmenso catálogo de aplicaciones existentes hoy en día a disposición de la interacción virtual de los usuarios) han transformado radicalmente la forma de organización social e, incluso, nuestra manera de pensar o sentir. En muchos aspectos, estas creaciones han abierto posibilidades sumamente positivas, tanto para las relaciones personales como para los negocios o cualquier otra actividad, incluida la sanidad o la educación. Turkle no pretende adoptar propuestas catastrofistas y negar tales beneficios. Sin embargo, manifiesta preocupación por las profundas distorsiones del comportamiento individual y colectivo que empiezan a detectarse como consecuencia del uso indiscriminado -y podríamos decir irreflexivo o incluso irresponsable- de los dispositivos electrónicos en todos los grupos de edad, los distintos estratos sociales y circunstancias vitales.

Para llegar a conclusiones válidas sobre estas cuestiones, la profesora del MIT ha llevado a cabo un extenso estudio de campo en el que ha hablado con personas muy diversas: profesionales de la educación, del mundo de los negocios, de diversas disciplinas artísticas, sujetos implicados en distintas parcelas de la sanidad, investigadores, activistas políticos, estudiantes o personas que colaboraron en la recogida de datos manifestando sus preocupaciones como padres o como simples ciudadanos… A partir de esa amplia muestra, Turkle ha elaborado una obra igualmente extensa, que acierta conjugando lo técnico con lo ameno, la exhaustividad con la agilidad expositiva, la llamada de atención con la ecuanimidad y la huida de cualquier tipo de dogmatismo anti-tecnológico.

La propuesta de Turkle es sencilla: las tecnologías que posibilitan la interacción virtual no pueden ni deben convertirse en sustitutas de la interacción directa entre los individuos, ni en la vida cotidiana, ni en los entornos académicos, en las empresas, los centros sanitarios, los espacios para disfrute del arte o en cualquier otro ámbito. Ninguna relación tecnificada aporta lo mismo que el intercambio en tiempo real y sin “facilitadores” artificiales de índole digital. “La conversación cara a cara es el acto más humano, y más humanizador, que podemos realizar. Cuando estamos plenamente presentes ante otro, aprendemos a escuchar. Es así como desarrollamos la capacidad de sentir empatía. Este es el modo de experimentar el gozo de ser escuchados, de ser comprendidos”.

El conflicto surge cuando lo virtual se convierte no en una manera de acercarnos a los otros (algo muy útil en un mundo tan globalizado como el que nos ha tocado vivir), sino en el sustituto o la vía para evitar el contacto directo con otras personas. Esa inquietante transición es la que ejemplifica esta obra en diversos contextos. Así, mientras aumentamos las posibilidades de interaccionar a distancia y simultáneamente con miles de receptores, estamos perdiendo vertiginosamente la capacidad de hablar (y escuchar) directamente con familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… Y eso nos está pasando casi sin que nos demos cuenta. Más aún, las generaciones jóvenes -esas que se han denominado de nativos digitales- ni siquiera tienen noción de qué son y lo que aportan ese tipo de destrezas conversacionales (escuchar, debatir, opinar, interesarse por lo que siente o devuelve el otro mientras le hablamos…), lo que los convierte en “analfabetos” socialmente hablando, o en sujetos con serias carencias interpersonales que repercuten tanto en su ámbito doméstico como en el profesional y en su desempeño como ciudadanos. Como señala Turkle, a diferencia del control que ejercemos sobre las pantallas, “las relaciones humanas son diversas, caóticas y exigentes. Cuando las limpiamos con la tecnología, nos trasladamos de la conversación a la eficiencia de la mera conexión. Temo que hayamos olvidado la diferencia. Y olvidamos también que los niños que han nacido en un mundo de dispositivos digitales ni siquiera saben que esa diferencia existe”.

La detallada revisión que en esta investigación se hace sobre las repercusiones de la “hipertecnificación” deja claro que -sin renunciar a lo que ofrecen los medios interactivos- debemos concienciarnos del riesgo que existe de que nos convirtamos en sus esclavos y, con ello, de que perdamos facetas insustituibles de nuestra humanidad. Curiosamente, los pioneros de los dispositivos actuales (Steve Jobs, en primer lugar) han sido especialmente conscientes del poder hipnótico y adictivo de los ingenios que habían inventado y, en ese sentido, fueron los primeros en autoimponerse reglas de desconexión periódica de los mismos. Turkle se suma a esta cruzada de autoprotección y con este ensayo pretende sacudir la conciencia del lector y movilizarlo para empezar un cambio radical en los hábitos de uso de la tecnología digital: Muchos “Nos hemos dado cuenta de que necesitamos cosas que las redes sociales inhiben. […] este libro […] es una llamada a la acción. Ha llegado la hora de corregir el rumbo. Y tenemos todo lo que hace falta para empezar. Nos tenemos los unos a los otros”.