Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Francisco Vélez Nieto

Francisco Vélez Nieto

Masa y poder lluvia de mentiras como rosario sin aurora por las tierras de la patria para la gregaria masa de adictos devotos de procesión diaria. Bosteza el gentío adormecido, invierno de frío, susurrante primavera, nazarenos, los santos en las calles, capirotes y disfraces: la saeta de Machado malherida: “Españolito que vienes al mundo te guarde dios”. Verano Matalascañas con la nevera portátil, otoño de mustias hojarascas.

No importa el qué dirán los descontentos con salario de miseria, los que tienen techos con la cruz de La hipoteca como espada bancaria sobre sus cabezas, no hablemos. ¡Banco, banco: “En la España de Franco el que no roba es manco”, estimulante al chalaneo de: “Coge el dinero y corre” procurando que sea de bolsa llena, pues mientras más hurtes más protegido te puedes encontrar por los amigos con poderes.

Las muchedumbres en las calles frente a la inmaculada “verdad absoluta” no pueden aguantar más. La voz del amo pide calma y rezo, que todo se arreglará, que cada cuatro años, más o menos me tenéis que votar, “Que tenemos un gran país” Es él quien llama al rezo del voto en la urna sin olvidar que nos aprecia, que él es quien nos protege y te garantiza las migajas necesarias para que la especie no se extinga. Todo se andará con la ayuda de fe y la paciencia. Y al que le dé que perdone

Todo es puro trajín, fiasco de larga y tortuosa mentira, sainete vergonzante, cacofónicos sonidos sin pentagrama. Mas de ese foro sin apariencia, pueden brotar escuadrones tatuados y temblorosos poetas observando inquietos el bramido de los bárbaros danzando alrededor de trepidantes hogueras, intentando salvar algunas obras del Farenheit.

Una vez más todo puede ser un acto de ingenua libertad ficticia, democracia de escaparate, el cuartito de hora de los Quintero. El mismo sermón sin montaña, desde la altura de irreprochable riesgo como deportista de la frase meditada, sobre húmedos sueños que tiemblan como gotas de rocío en una hoja. Medito, con la calma que me caracteriza viendo cómo se lamentan y desesperan los de abajo y el centro.