Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Juan Gaitán
Acerca de "Vaivén" de Teresa Antares. Edita: Huerga-Fierro. Presentación y crítica de Juan Gaitán.

Juan Gaitán

Teresa Antares

Ed.: Huerga-Fierro

Buenas tardes a todos, muchas gracias por acompañarnos en este acto de presentación de “Vaivén”, el primer poemario de Teresa Antares.

Si queda algo por decir de la poesía, si queda algo que desentrañar de ella, de su sentido, de su corporeidad, de su eterna necesidad de vuelo, habrá que ir a buscarlo a la propia poesía. Porque solo la poesía tiene la facultad de explicarse a sí misma. Ninguna otra expresión artística tiene esa capacidad, la de usar su propia materia para articular su esencia. La pintura, la escultura, la música o el cine se explican con la palabra, pero para explicar la palabra es imprescindible la palabra misma, lo que nos sumerge en un eterno juego de espejos donde la única salida posible acaba siendo la emoción y la belleza. Por eso es definitivamente inexplicable la poesía, por eso es inútil el empeño de disección, de autopsia, de esclarecimiento del poema si el poema mismo no ha sido capaz de hacer la luz dentro del lector, de hacerse ver por sí mismo.

Si uno hace el ejercicio, la prueba, encuentra cosas sorprendentes. Por ejemplo, que la poesía es para la voz. La voz del poeta resonando dentro mientras tú lees, mientras interiorizas, mientras digieres esa luz que te has tragado.

Y también que la poesía es música, canción, un ritmo que se nos acomoda al del corazón, un latido extracorpóreo pero que sin embargo reconocemos como nuestro y que se acompasa a nosotros, a nuestra respiración, a nuestro pulso.

Y que la poesía es también para el misterio, para la intuido, para lo que se conoce allí dentro, donde casi nunca se alcanza, pero que es la esencia de lo que somos, porque en realidad solo somos lo que sentimos.

Que la poesía es interpretar la vida desde la belleza, la reconstrucción de nuestra residencia en la Tierra desde la premisa de lo hermoso, de lo sublime. Que la poesía es vida y para la vida, es comprender y también explicarse. Que la poesía, en fin, construye el mundo.

Y cuando uno encuentra ese tipo de poesía, que en realidad es el único, como se encuentra en este libro que presentamos hoy, hay motivo para la alegría y también para la esperanza.

En la poesía de Teresa Antares se mezclan con esa gracia de las fórmulas magistrales algunos materiales imprescindibles para que la vida sea navegable. Un alto concepto de lo que es bello y cercano, la expresión de lo hermoso y lo sutil, una firme intención de felicidad y un inquebrantable esfuerzo hacia el amor.

Porque si hubiera que trazar un eje, una línea maestra sobre la que gira y se construye la poesía de Teresa Antares, habría que señalar al amor, un amor total, universal. Ahí está, presente siempre, nombrado o intuido, claramente convocado o sutilmente sugerido, pero siempre el amor y su vuelo.

Teresa construye su poesía desde la intuición, desde la visceralidad de a quien le nacen los versos como un arrebato, una necesidad, una embriaguez. Su poesía se nutre de su emoción, y con ella la viste y la pone ante nosotros, sin más intención que la poesía misma.

Gracias a eso, a ese inquebrantable empeño en el amor, descubrimos que “cada pregunta es un aullido”, que el poder de las palabras puede convertirnos “en humedad y fuego”, rotundo oxímoron sensualmente barroco.

Y también descubrimos que bajo el erotismo, bajo las formas poéticas del deseo, ese deseo que es “una bandada de peces sedientos”, subyace el amor. El “Vaivén” de Teresa Antares recuerda en muchos momentos al Cantar de los Cantares, el sorprendente manual erótico y amoroso de la Biblia. Como en él, Teresa acumula en sus versos imágenes eróticas que son extremas declaraciones de amor:

Amo tu mirada,

la sensibilidad de su luz,

el modo en que baña mis contornos

mientras cae como el cielo en un estanque.

Arqueada te entrego la mía,

para que contemples

en la caricia dulce de mi sed,

cómo, amor,

delirio inacabable de mi deseo,

tú existes en ella.”

El “yo poético” de “Vaivén” es un yo poético asumible por cualquiera a condición de que alguna vez haya amado, y un yo poético anhelable para quien todavía no conozca esa forma última de la verdad.

El libro se va transformando así, poco a poco, poema a poema, en una gramática de la entrega, de la construcción del amante como objeto de adoración, como ente divino:

“Decías no ser un dios,

Ni un héroe, ni un guerrero de cien batallas,

Pero traías el sabor del hidromiel en la saliva,

La sabiduría de las hormigas y la eternidad de los olivos.”

Cuando abrimos un libro de poesía nos adentramos en un mundo simbólico o en ese espacio donde importa tanto lo que se dice como el significado de cuanto se dice. De ese modo he llegado a creer que la poesía es, en muchos sentidos, un método de defensa, una forma de liberación o incluso una fuga constante. Este libro de Teresa Antares, este “Vaivén” que hoy les presentamos, es, sobre todo, a mi entender, una forma de liberación, un modo de abrir la puerta para que salga esa inundación que es siempre el amor.

Yo conocí la poesía de Teresa y a Teresa misma a través de las redes sociales, esos lugares virtuales tan denostados pero que, como decía aquel devoto de Baco sobre el agua, tomados con moderación no tienen por qué hace daño a nadie.

Entre la maraña, Teresa se distinguía, y esto ya es mucho. Había en su poesía esa veta de calor que tiene lo humano, lo íntimo, lo verdadero. Era lógico que alguien así acabara escribiendo un libro como este, tan del lado del amor, de la luz, de la alegría, tan del lado de la vida como está siempre la poesía cuando es verdadera.