Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
José Cenizo Jiménez
Acerca de Hipotermia, de Marta Bordóns. Mitad Doble, Ediciones

José Cenizo Jiménez

Marta Bordons Jiménez

Mitad Doble, Ediciones

Esta obra breve de 27 páginas de Marta Bordons, premio de micronovela Mitad Doble 2015, llegó a mis manos porque la autora es sobrina de otra Marta, una compañera de trabajo, del instituto “Beatriz de Suabia” de Sevilla. Nos invitó a que la leyéramos, incluso a que lo hicieran los alumnos y la propia autora ha visitado el centro para tener un encuentro con ellos. Precisamente ella misma es escandalosamente joven. Escribió la obra (otro escándalo) cuando tenía quince años y recibió el premio citado con diecisiete. Ahora tiene veintiuno (nació en 1997 en Sevilla). Y otro mérito más: ganó el premio frente a doscientos candidatos más, seguramente todos o casi todos de mayor edad e incluso de cierta trayectoria y oficio.

          Hipotermia es una novela muy breve, o una micronovela, o un relato breve, o un cuento (algo largo) o lo que quiera cada uno poner, pero lo importante es que la hemos leído de un tirón no por esta brevedad sino por la intensidad y el misterio que contiene, así como porque está bien escrita. Logra ciertamente despertar interés esta historia de amor, del amor entre el campesino Koth y su esposa, Zaila, bella y años más joven. Viven en una casa en el campo. Ella enferma y muere. Koth hace lo posible por devolverla a la vida. Y aquí nos detenemos para no revelarles el final.

          Estamos ante un ejemplo más del tópico de venta del alma al diablo, pero un ejemplo bien construido desde el punto de vista narrativo y estilístico. Un hábil narrador omnisciente, el mesurado y eficaz uso del diálogo entre los tres protagonistas y la pertinente aparición del estilo indirecto libre demuestran el oficio de la autora a pesar de escribirlo con quince años (o añitos). Vemos un fragmento (pp. 12-13):

          “Ambos contemplaron la luna a través de la ventana de la habitación. Era muy hermosa. Koth desvió la mirada hacia su esposa, solo cubierta por la sábana, abrazada a él como si temiese perderlo si lo soltaba. ¿Cuál era más bella? Se quedó embelesado contemplando el perfil de la mujer, su piel pálida y sus largas pestañas. Tan perfecta… Nunca imaginó que al día siguiente despertaría muerta”.

          A esto le sumamos el buen uso y dosificación del adjetivo, el simbolismo de algunos elementos como el frío “que destila la descripción de su paisaje” (como dice en la contraportada la escritora Montserrat Claros), el mantenimiento del ritmo narrativo y el interés sin desmayo y una expresión sin pretensiones, sencilla, con precisión, y el resultado es, para nosotros, una obra intensa, lograda, apta para un público amplio y un lector exigente. Nuestros alumnos la leerán el curso que viene y seguramente quedarán convencidos de esto.

          Tenemos para el futuro, pues, de seguir así, una escritora a tener en cuenta, obviamente perfeccionando y mejorando recursos y diversificando temas. Una joven apasionada por contar, por las palabras, por comunicar y conectar: Marta Bordons. Ese futuro dirá, pero ya apostamos, como ha hecho el jurado del premio, por ella.