Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

Navidad en Málaga

 

 

 

         Se está a la espera de que las pastorales bajen de los Montes de Málaga e inunden Larios en las tardenoches navideñas. Todo preparado para el festín profano del nacimiento del niñodiós. La iluminación del Centro Histórico de la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia es casi un milagro. Es difícil sacarle más provecho al neón y a la crisis. Los “mimos” tienen otro encanto y las bufandas se convierten en un imprescindible adorno personal; casi es Navidad.

 

         Las luces de Navidad son el muestrario de la civilización cristiana. Que buena frase la del presidente Sakorzy: “la República es laica, pero Francia es cristiana”. ¿Será por eso que existe este derroche imprescindible de luces en las ciudades de la órbita occidental o es un reclamo a la sociedad de consumo para que ponga en marcha la orden de Zapatero: “¡id y consumid!”

 

         Porque el hecho por el que se iluminan plazas y calles se encuentra en el centro de la tesis y antítesis del cristianismo. Con las luces despavoridas, se coloca encima del celemín la profundidad de nuestras raíces, o sea, nos radicalizamos en nuestra fe aunque no caigamos en la cuenta.

 

         Es más fácil para algunos retirar un crucifijo de un aula de un colegio público que dejar a oscuras una ciudad durante las fechas que se avecinan y que desde hoy, como ofertorio, empezamos a celebrar, porque todo este sacramento de escándalo y fiesta, profano si quieren, es una eucaristía como la iluminada copa del pino que preside la Plaza de la Constitución malacitana.

 

         De manera, que sería bueno que nadie iniciara una protesta por este gozoso espectáculo que enjuaga nuestra nostalgia, emboba a la chiquillería, reclama el consumo, alegra la vista y refuerza nuestra civilización que, aunque  nada más sea de nombre, es cristiana.

 

         Un clic, tan sólo un clic, aunque profano, nos trajo, de tapadillo, una manifestación sagrada.