Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

José García Pérez

 

         Aunque tan sólo ha cambiado el último dígito del año en curso, da la sensación que hay que volver a empezar. Los expertos en el paso del tiempo se han inventado lo del espacio llamado año y caemos en la farsa. Los listos, que son muchos, se aprovechan de las resacas del cava y el güisqui, y nos introducen entre pecho y espalda un atraco en los recibos de luz, agua y transporte, al tiempo que buena parte de la ciudadanía, bien por aburrimiento, bien por vicio, acude a los tenderetes del consumo para llevarse, bajo el paraguas de la rebaja, dos pares de zapatos por el precio de uno, dicen. Se alza una miaja la nómina de los pensionistas y se enquista bien la seguridad de los funcionarios y ya todo es coser y cantar.

 

         Así las cosas, no hay que extrañarse que se llamen (nos llamen) viejos a los que hemos padecido muchos subidones de precio y hallamos formado parte en las mil y una batallas que se establecen en los Grandes Almacenes para hacerse con la victoria de trincar la braga color malva que se ofrecía con un 70% de descuento.

 

         Puede ser que sea el peso y paso de los excéntricos años los que nos doblen el espinazo, tampoco me voy a poner a discutir o filosofar en esta primicia del 2009, pero, joder, el aburrimiento, o sea, que todo vaya sucediendo con los cánones ajustados por los que manejan los hilos de nosotros las marionetas es insoportable.

 

         Y es que los milímetros del mañana están perfectamente encajados. Sabemos todo lo que va a acontecer, ya ven, carnaval, semana santa, verano con feria incluida y nueva navidad. Eso por hablar de fiestas, porque si es de comidas, la cosa es de pena, desayuno, almuerzo, meriendilla y escasa cena, todo ello según enfermedades y productos farmacológicos.

 

         Y de lo otro, lo chachi, el amor, ¿qué me dicen? Todo se hace pesado, el “mi vida”, “chati”, “cariño” y demás variantes. Estamos, pues, tan acostumbrados al sistema que, sin caer en la cuenta, trazamos una línea con tiza de esperanza para que la muerte nos acoja sin demasiado dolor.

 

         No sé usted, querido lector o lectora, pero yo -como dijera Fernando Pessoa- “me siento constantemente en una víspera de despertar.” y siendo consciente de mi estancia en el mundo de la normalidad, vuelvo a ajustar, como cada año, la tuerca del disparate en sentido inverso a las agujas del reloj y el tiempo invertirá su orden.

 

         Tal vez, y en ello estoy, el amor se tope conmigo o yo con él, y de ese chispazo, léase locura, los cimientos de la cordura estallen de una puñetera vez.

 

         La solución es volver al amor