Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

José García Pérez

         El andaluz es un pueblo que calla y ejerce el silencio en demasía. Una corriente de aire secular, de siglos de existencia, ha cercenado su voz, la propia. Otros hablan por él, y cuando lo hacen, se gritan e insultan los unos a los otros y las unas a las otras. Confunden la fanfarronada personal o el dislate de gestión o el acento del traqueteo político con la voz, la palabra y el silencio del pueblo andaluz.

 

         Si Andalucía diera el grito, otro gallo cantaría, pero no, los andaluces callan, y cuando alguno de ellos sube la voz, que quizás debería no haber alzado, viene la logopeda de turno, la señora Nebrera a decir lo que hay que decir y cómo decirlo. Pobre del pueblo que pierde su voz, su palabra, su decir, su cantar, su acento y su utopía.

 

         Utopía y palabra van unidas. Si no se recitan la palabra del pueblo, su poesía y su ilusión, el pueblo muere.

 

         Porque este es un pueblo que vive de la limosna del palo de golf y del subsidio de desempleo, de la copla española, de los presupuestos generales y autonómico, del Rocío, de tronos y pasos. Y a un pueblo que vive de la limosna se le tapa la boca con facilidad. Se convierte en un pueblo mudo y fiel hasta la muerte con sus amos, con los vampiros que viven a su costa, con los domadores que apaciguan su inquietud.

 

         Pero ojo con los falsos logopedas porque pueden estar entre nosotros. Son los adiestradores en el silencio. Que nadie acentúe en demasía las palabras Deuda Histórica. Ahora no es el momento. Silencio pues.

 

         Es el pueblo el que tiene que hablar, pero el pueblo se entretiene en el circo de sus propios payasos, y aplaude y ríe y espera y nada ocurre porque el pueblo es un simple espectador de la representación. El pueblo, Andalucía, ha perdido la voz.

 

         Magdalena Alvarez no es un dechado de perfección a la hora de explicarse y menos a la hora de gestionar, pues que dimita. Montserrat Nebrera no es la salvadora del habla andaluza, no queremos logopedas artificiales, pues que también dimita.

 

         El pueblo andaluz tiene grandes problemas no por hablar, sino por callar.