Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

 

         Va el buen señor a una farmacia y con cierto recato pide un condón. La manceba, con total naturalidad, le dice le dice: “no vendemos preservativos sueltos, lo mínimo es una caja de tres unidades”, el señor asiente, abre la caja y tira dos condones a la papelera y se va. Vuelve al día siguiente, y pide otra nueva caja. La misma operación, arroja otras dos gomas a la papelera. La manceba, solícita ella, le comenta “perdone usted que me meta en lo que no me importa, pero le aseguro que los tres preservativos son válidos”. El buen hombre se sonroja, agacha la cabeza y le comenta en un susurro: “ya lo sé, pero es que me quiero quitar.”

 

         El ministro y modisto de Sanidad, señor Soria, ha entablado conversaciones comerciales con las empresas dedicadas a fabricar la gabardina del pene a fin de que los precios bajen y el consumo aumente. Los del “durex” y derivados han aceptado la propuesta y han dado un bajón considerable al precio para que el personal calentón no se quite del traqueteo del placer. Mientras baje nada más que el precio la cosa va bien, lo malo es que baje el objeto a resguardar.

 

         Y justamente eso es lo que está ocurriendo ya que, por efecto de la crisis financiera y económica, está subiendo la venta y el precio de fármacos que salven del desequilibrio bipolar que produce el estar parado y con los brazos cruzados, al tiempo que los ansiolíticos, tranquilizantes y derivados se venden como rosquillas.

 

         Todo lo cual lleva emparejado un desajuste de vida y un toma y daca que nunca conduce al pleno placer. Bien haría el gobierno y la bancada privada en procurar que los hombres y mujeres trabajen lo suyo, lo justo para poder llegar a casa con ganas de toqueteo y pasarlo bien.

 

La cama, que alguien definió una vez, como el altar del matrimonio, hoy de la pareja a secas, se convierte entonces en placentero lugar donde complementarse el uno con la otra, y viceversa.

 

         Que bajen los condones es cosa buena, pero que nadie se tenga que quitar de su uso porque por la cabeza corran los problemas de la crisis, ya que dicen los entendidos que todo está en el cerebro, aunque yo sé, por propia experiencia, que no. Pero eso es otra historia.