Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ
PALABRAS PRONUNCIADAS POR JOSÉ GARCÍA PÉREZ, COORDINADOR DE PAPEL LITERARIO, EN EL HOMENAJE CELEBRADO POR LA ASOCIACIÓN DE CRÍTICOS LITERARIOS DE ANDALUCÍA, CON MOTIVO DEL HOMENAJE QUE DICHA ASOCIACIÓN RINDIÓ A JUAN MANUEL GONZÁLEZ EN ARCOS DE LA FRONTERA EL PASADO 13 DE FEBRERO.

Juan Manuel González y José García Pérez

 

        

 

         Existe este tópico que se da con frecuencia entre funcionarios, dice así:  “Los compañeros me los da el escalafón, los amigos los elijo yo”.

 

         En las distintas facetas con que la existencia intenta tapar nuestras vidas, a saber, política, literatura, trabajo, religión, etc., vamos encontrándonos con hombres y mujeres que nos acompañan en el tránsito de hacer la existencia más llevadera: son los compañeros.

 

         En otras ocasiones, y siempre de la mano de la palabra, oral o escrita, pero siempre de la palabra, algunos compañeros se convierten en algo diferente, en amigos. La amistad -de la raíz amor- insta a otro tránsito diferente: a pasar de la tediosa existencia al disfrute de la vida.

 

         Puedo asegurar que Juanma y yo fuimos amigos. Cuando a través de la palabra, se penetra en el santuario sagrado de la intimidad del otro, el otro, el extraño, se convierte en uno mismo. Y ello ocurre cuando el sujeto transmisor y el sujeto receptor se complementan en una perfecta comunicación que salva de la brutalidad resignada del maldito “siempre-igual”. Con ese tic-tac perfecto, un día, cualquiera de ellos, descubrimos que los problemas, los íntimos, los auténticos, son muy parecidos, semejantes podríamos afirmar, entre el uno y el otro, entre Juanma y yo. Entonces todo fluye con absoluta normalidad. No importa la distancia, porque existe el teléfono, la carta, la confidencia y el maldito Internet.

 

         No se trata, pues, de hablar de heptasílabos o endecasílabos, de rima o música, de versos blancos o de versos sujetos a la esclavitud de unas normas, de publicaciones o ediciones; se trata de hablar de lo anterior, pero, esencialmente de intercambiar experiencias, vivencias, miserias, tragedias y alegrías.

 

         Y eso hicimos Juanma y yo durante años, durante todos los años que, desde el principio de esta historia poética de Arcos con los Críticos Andaluces, hemos venido manteniendo hasta ese 2008. Porque esto es una historia, y como todas ellas, tiene su final. Durante su recorrido hemos vivido tiempos buenos y menos buenos. Hemos conocido a regidores que se han instalado en la alternativa del bastón de mando, hemos subido y bajado durante quince años las históricas calles de esta Peña repleta de poetas, hemos cantado el tango único de Carlos Clementson, hemos vivido la madrugada en la dialéctica kabalística de Antonio Enrique y comprobado la humanidad andaluza de Manuel Urbano, hemos asistido al nacimiento de esta Asociación en una maravillosa tardenoche lorquiana a orillas del Genil, hemos sabido de la dedicación de Antonio Hernández para que este proyecto penetrase el umbral del deseo y se convirtiese en auténtica realidad, y hoy, sin Juanma con nosotros, podemos afirmar que la Asociación de Críticos de Andalucía recorre los caminos de la Literatura Andaluza con carta de ciudadanía.

 

         Habría que preguntarse ante este abandono tuyo en seguir en esta empresa poco entendida por Instituciones, criticada por las lamentables elites que han intentado torpedearla y silenciada, sin llegar a conseguirlo nunca, en ello nuestro tributo a José María Bernáldez, por los amantes de la farándula y del prestigio mal entendido; habría que preguntarse, decía, como escribió el poeta malagueño Benítez Villodres en un par de décimas en honor de Juanma:

 

¿Por qué quisiste, poeta,

escapar, en estampida,

de la calle de esta vida…

 

         Hoy nos abrigamos en su recuerdo y en sus libros, en su singular forma de ser y en su personalísima proyección literaria. Abarcó todos los palos de la Literatura: poesía, crítica literaria, ensayo y narrativa. Y en todos ellos, convenció.

 

         Permitidme una licencia. Llevo, llevamos allá por la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, Málaga, más de quince años en la aventura del suplemento “Papel Literario”. Los primeros años se nutrió en buena medida de los compañeros que coincidíamos en Arcos de la Frontera, pero la “intendencia” fue decayendo a medida que pasaba el tiempo. Juan Manuel González nunca nos dejó. Siempre estuvo apoyándonos y animándonos, y sus trabajos, reseñas, críticas literarias, formaron parte de la historia de dicho suplemento.

 

         Algo tenía Juanma de malagueño, de querencia íntima a la “Ciudad del Paraíso” que definiera Vicente Aleixandre, al aroma de plomo de la Málaga impresora, a la montaña que forma parte de la ribera mediterránea y a la brisa de levante que sazona las inmediaciones de calle Larios. Tal vez por eso, su primer poemario, Líneas minerales, nació en dicha ciudad en la editorial Corona del Sur allá por 1984, conjunto de poemas encendidos de fuerza y erotismo dentro de “un aleteo vital de la muerte

 

         Y también en Málaga, en la colección “AGUA DE MAR” que yo dirigía, publicó Juanma su hermoso poemario “Guía para el jardín secreto y otros poemas del Sur”, uno de cuyos poemas, poema del sur y poema diferente, como él era, nos traza una hermosa elegía “a un joven cempsi”, minero descendiente de esos celtas, los cempsi, que en el siglo VII antes de Jesús, y procedentes de Westfalia, se instalaron en Huelva. La elegía, que rompe con todos los tópicos de Andalucía, y se queda a palo seco con lo esencial del ser andaluz, o sea, con la realidad ultrajada, lleva por título GAZUL, y dice así:

 

Raíz de olivo y polvo,

flor de marisma,

tu cordobán y tus botas rajan el cielo,

despreciando el hollín

voz del subsuelo,

segando la placenta seca del viento.

 

Un dolor embozado

afila flechas de rabia en tus uñas,

bajo el brillo blaquiverde del sur,

ascua muerta que revive al alba,

candil de cobre encubierto.

 

Ni limoneros,

ni albahacas,

ni blandas cuerdas de guitarra,

tejerán esta vez tu marcha.

 

Sólo sendas de montaña,

astas de sangre,

sudarios de escarcha.

 

Gazul,

jinete obsceno,

estribo y pezón de mi raza.

 

 

        

 

 

 

 

 

         “Y si es cierto que Juanma abundó mucho en la vertiente “nórdica”, en su filiación neorromántica enamorada de las grandes sagas europeas, en sus poemas empapados de lluvia, perdidos entre la niebla, abismados sobre paisajes desolados, ateridos en el alba de la nieve, también es cierta su constante sed de Sur, de Andalucía, de Huelva, de sus ancestros”

 

         Dulce poder del cielo, poemario publicado en la Colección “Ancha del Carmen” que intento dirigir, dan fe de esta doble condición de explorador de hielos y de soles, de buscador de dioses teutónicos abandonados a la lluvia y de diosas blancas acariciadas por la sal del Mediterráneo, de voces de gesta y de cálidos susurros del sur.

 

         Nos envuelve esta noche la ausente presencia de Juanma, y mañana, y pasado mañana cuando en el Ayuntamiento de Arcos, con su cachimba en la mano, no pueda ofrecernos los parámetros de la novela que se alce con el Premio de la Crítica de Andalucía y que él, año tras año, era el encargado de “pintar ese gallo en tres minutos” de forma magistral.

 

         Nos queda su tragedia, su palabra y su resurrección.

 

         Las dos primeras, tragedia y palabra, deseo nombrar leyendo parte del poema que cierra el libro Guía para el jardín secreto.

 

            Y escribe Juanma:

 

… y prefiero mirarte,

dormida, con tu chal lila sobre el pecho,

presintiendo tus días de amor en las hojas por venir,

tus ruidos de lengua, nocturna, enamorada,

levantando el barniz que protege el alma del invierno.

 

Antes de incendiarme,

de regresar al combate,

para desaparecer envuelto en tu chal,

como el viento

 al comienzo de la mañana.

 

Antes de empujar

la humilde puerta del jardín de los muertos.

 

 

         Finalizo con unas palabras que nuestro Presidente de Honor, Antonio Hernández, con las que cierra el prólogo de ese majestuoso libro de poemas que es Guía para el jardín secreto, palabras que hoy se hacen más necesarias que nunca:  “Juan Manuel, dice Antonio Hernández, subraya su vida literaria a base de pasión, pero hace real lo que no ha sucedido y, por esa capacidad de ilusionista, sus palabras son capaces de traspasar las épocas. Tanto que, siendo tan actual como es, ahora mismo lo veo instalado en una familia que no perece, entre Barahona, Sotomayor, etc, hijo tardío, calculador y sanguíneo que nunca tuvo Góngora.