Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

El Cautivo de Málaga

Se sabe, se dice, se pregona que la Semana Santa es el referente máximo que representa la pasión, crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret. El hecho fundamental de la fe cristiana, o sea, la resurrección de Jesús y su posterior transformación en el Cristo, es muy levemente tocado por Hermandades y Cofradías en ese domingo de Resurrección descafeinado de las doce del mediodía, en el que sin los ingredientes de luces, tinieblas, saetas y sombras alargadas en las fachadas de los edificios, poco dice en el pueblo que gusta de sufrimiento, lágrimas, espadas que atraviesan corazones, soledades, sangre de rojos claveles y suspiros entrecortados.

 

         Los tronos y pasos de Semana Santa son una representación religiosa, artística y popular del Dolor, donde convergen, al menos en esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, esculturas, policromados, hermanos mayores, hombres de trono y alguna mujer, nazarenos, cirios, legionarios, curas, regulares, parados, tribunas de ricos y pobres, paracaidistas, turistas, cantaores, niños, cascarúos, autoridades, esclavos, y todo ello enhebrado por un hilo invisible que une al público, al gentío, al pueblo con el Misterio conocido por Dios, ese gran desconocido.

 

         Ese hilo, y no otro, es lo que se conoce comúnmente por fe popular. Del hilo, invisible decía, desean colgar, algunos cofrades químicamente puros, visibles lazos blancos de protesta contra una determinada y discutida ley sobre interrupción voluntaria del embarazo, aborto para ser más claro. Lazo blanco con rostro cubierto no es de recibo.

 

Ninguna inocencia debe cubrir u ondear en el negro crespón del sufrimiento; un lazo blanco sería mutilar el dolor; no existe, no debe existir la protesta en la gran semana de la Muerte y de la Resignación; es el tiempo de la muerte aceptada, del sufrimiento que sana; no cabe la esperanza en este tiempo de representación del suplicio; es momento de conservar la reliquia del clavo, la punzada de la corona de espinas y el salpicar de la sangre al ser taladrado el costado por la lanza asesina.

 

La esperanza, el lazo y la protesta pueden llegar después, o sea, cuando el pueblo ya no sea voluntario testigo de la Pasión del Nazareno.