Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ
LUNES SANTO

Misa al alba del Cautivo

 

         Emigraron, los trinitarios emigraron hace ya muchos años de su dédalo de callejuelas. Se fueron con la promesa política de la remodelación. Atrás quedó un barrio histórico desgajado por la ruina de la dejadez de distintas administraciones. Aparecieron los “okupas”, antes de que se constituyeran en organización universal, y el barrio, lo que quedaba de él, fue perdiendo sus señas de identidad.

 

         Pero los trinitarios siempre vuelven, vuelven “a la misa del alba” del Lunes Santo. Vuelven cuando la cadencia de la luz va a iniciar el soplo amigo de la brisa. Con el alba, la brisa levanta su vuelo, y éste se inicia cuando El Cautivo, el Trinitario Predilecto, va a iniciar su traslado de gloria y pasión por las calles cascadas del Barrio de la Trinidad.

 

         Los trinitarios han vuelto, Y vuelven desde La Palma y Huelin, desde la Luz y Miraflores de Los Angeles. Están aquí, van a ocupar su barrio. Son los hombres y mujeres, silenciosos y portadores de la más sana religiosidad popular en que estos días enseñorea a Málaga.

 

         Son los auténticos hijos de El Cautivo. Los del clavel y el cirio, los del milagro y la nostalgia, los de las calles Carril, Yedra y Jaboneros, los que mantienen en sus ojos la fe viva del “carbonerillo”, los hacedores de la historia real de una ciudad que destruye su identidad.

 

         Hay otros con medallas, varas y rosarios, con estampas y estolas, están los Hermanos mayores de otras cofradías, y el Alcalde, y el ilustrísimo y reverendísimo señor Obispo de la diócesis. Todos son admitidos como hijos adoptivos e ilustres del Señor de las Manos Atadas.

 

         El milagro se produce cada Lunes Santo: ese día se multiplican los hijos exiliados del Barrio de La Trinidad, al igual que Jesús de Nazaret lo hiciera con panes y peces.

 

         Lo dejó escrito un poeta: “¡Lunes Santo, lunes blanco,/ es el lunes del cautivo!/ Refleja la luna mora/ destellos azul platino/ entre los pliegues trenzados/ de la albura del vestido./ Un niño besa un clavel/ y el beso quedó prendido.”

 

         Han vuelto los hijos de la Trinidad, los hijos de El Cautivo