Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ
JUEVES SANTO

Salida de La Zamarrilla

 

         El Jueves Santo es un buen día para elegir tumulto y arte por las calles de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia: Santa Cruz, Viñeros, Mena, Misericordia, Zamarrilla, Cena y Esperanza.

 

         Para vivir ese festejo existen diferentes opciones: esperar o ir al encuentro; sentarse o caminar. En la vida común, ocurre igual. Hay quien permanece sentado viéndolas de venir. Y en Semana Santa ídem de ídem y, sin embargo es más caro lo de las sillas y tribunas, y creo que más aburrido.

 

Si vives sentado, también pagas por ello. Los hay en continuo movimiento buscando el instante, la esquina, el aroma de lo fugaz, por ejemplo, el amor; es más barato, aunque más enriquecedor. Sentado tienes que abrigarte. Caminando no pasas frío.

 

Desde luego que yo, exceptuando un año que ejercí de político, ya saben, en lo alto de la Tribuna del Escándalo y con traje oscuro, el resto lo he pasado de esquina en esquina. Con seguridad que así no se ve la Semana Santa al cien por cien, pero aquel año, el de la política, no vi nada, y es que yo fui a la Tribuna no para ver, sino para que me vieran.

 

De manera que ya ven, o sentarse y ver todas las cofradías o ir en busca del asombro. Lo tengo claro: Zamarrilla, Mármoles arriba, Mármoles abajo. Salida y encierro. Y entre ambos milagros, el puente de La Aurora y sus alrededores: el bullicio de la fe popular, nomenclatura netamente malagueña, y los carritos atiborrados de chucherías de mil colores; la anciana Trini y su peinilla de experiencia y sabiduría, la Tribuna de los Pobres, tomada ya al atardecer por un pueblo que espera, para qué engañarnos, con idéntica expectación a los tronos que a los legionarios de la muerte.

 

Todo ello forma parte de lo nuestro. Viene el Cristo de los Milagros, moreno abatido en la muerte. Y la Virgen Roja de la Zamarrilla implorando un no sé qué al cielo que la contempla.

 

Y el silencio reina.