Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
JOSÉ GARCÍA PÉREZ

Alfredo Taján

 

 

         Ubicado en el nº 1 del emblemático Paseo de Reding, planta tercera del Museo de Málaga, el Instituto Municipal del Libro es una especie de faro desde el que se divisa la bellísima bahía malacitana, la plaza del General Torrijos, el Paseo del Parque y buena parte del barrio de La Coracha. Y mirando hacia su interior, hoy, sin ir más lejos, el Museo acoge  la exposición “Rodin y la mitología simbolista” con un conjunto de ochenta y cinco piezas del gran escultor francés. Me imagino al excelso director de IML, don Alfredo Taján, embelesado con tamañas bellezas. No es para menos ante la historia que contempla a diario.

 

         Y puede ser, todo este artículo es una suposición, que se le haya pasado, o no, cualquiera sabe, todo este ajetreo lírico que un grupo de escritores del lugar, poetas de puño y letra, se trae con don Miguel Briones, Delegado Municipal de Cultura del la muy noble ciudad de Málaga, a causa del decretazo con el que ha fulminado la sencilla colección de poesía “Ancha del Carmen”, decretazo que ha sido respaldado por el grupo municipal del PP que gobierna esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia.

 

         No creo que don Alfredo Taján, amante de los libros y responsable en parte de ellos, ya que por eso cobra y se distingue, haya actuado por comisión en afilar la guillotina del señor Briones. No lo creo capaz de semejante felonía ni de ninguna otra. Aunque tal vez por omisión, o sea, por encogerse de hombros, haya faltado a las tres primeras finalidades que definen el código ético del Instituto Municipal de Libro, a saber: 1) El fomento a la lectura. 2) El apoyo a la edición del libro. 3) El estímulo y reconocimiento a la creación literaria a través de colecciones de distinta índole y temática.

 

         Colocarse frente al jefe superior inmediato por una cuestión menor puede traspasar la valentía y ubicarse en el campo de la audacia -y aunque Alfredo Taján, agente cultural, traspasa los límites de la audacia al tocar el violín y publicar, con buena pasta pública, los poemas de José Antonio Primo de Rivera o del “Ché” Guevara, personajes ambos de poco o ningún relieve poético, aunque la cosa queda pintoresca-, tal vez por eso no ha movido un músculo de su faz al ver que los escombros de la incultura han sepultados las publicaciones de Domingo Faílde o Rosa Díaz.

 

         El, Alfredo Taján, es amante del vampirismo en la literatura y lo ha demostrado con unas jornadas dedicadas al tema, pero no quiere creer, Dios me libre, que lo practique y succione todo hecho creativo que provenga de extraños, aunque ya pasó con aquella idea original de “Poesía en los barrios”, reconvertida hoy, a través de él, en el tópico fomento de la lectura en colegios e institutos o en los amañados premios literarios con el editor en el jurado.

 

         Pero esos son otros temas que serán “tocados” por el crítico ojo de los inconformistas.